martes, 4 de junio de 2019

A 14 años de esta esclarecedora y aún vigente editorial de Jorge Rulli



La pobreza es el problema cuando pone en riesgo el programa neoliberal.

Bolivia, centro de un volcán revolucionario de reivindicaciones sociales importantísimas.

Bien, buenos días, nuevamente con ustedes en "Horizonte Sur", agradeciendo y saludando a nuestros colaboradores, a los compañeris de Radio Nacional, a quienes siguen el programa a los largo del tiempo.

Una vez mas... y porque hoy tenemos a un pensador, el filósofo Alberto Buela con nosotros, queremos retomar algunos de los grandes temas que venimos trabajando en un país donde no solamente la sociedad está fragmentada sino también el pensamiento del común de la gente está fragmentado.
Porque se ha exacerbado la especialización y la mirada sesgada. Entonces tratamos de recordar que el modelo es único y que cada parte es funcional al modelo y lo importante es recuperar esa mirada, esa mirada holística, y es lo que tratamos: incluir los enormes monocultivos de soja que nos ahogan en un modelo global. En un modelo planetario inclusive. Recordar que cada parte del modelo es funcional a las otras. Cuesta a veces cuando hablamos con otra gente preocupada por la criminilización de la protesta, por la criminalización de la pobreza o la judicialización de la pobreza, el trato vejatorio en las cárceles argentinas y nosotros tratamos de explicarles que es un componente mas, un modo de controlar la situación ingobernable e insustentable de las grandes ciudades de la época de las monoculturas de la soja y de los forrajes, del despoblamiento del campo y de los nuevos y crecientes cinturones de pobreza urbana.

Este es un modelo planetario. Nos dice Ana María Ezcurra en su libro sobre el Neoliberalismo: "... el estallido de la pobreza en el sur durante los años 80 adquirió tal jerarquía que dio lugar a una nueva y segunda fase evolutiva: el aggiornamiento del programa neoliberal sistematizado y lanzado por el Banco Mundial en aquel informe sobre el desarrollo mundial en 1990. Un remozamiento que se expresó en la esfera diagnóstica y en la agenda de políticas ¿Por que tantos?..." dice ella,se pregunta, "... la pobreza es calibrada como un asunto prioritario en tanto se perciben riesgos para la sustentabilidad política del programa neoliberal. En otras palabras, se teme una erosión del consenso social mínimo necesario así como una generalización de conflictos distributivos. También la aparición de alternativas o movimientos antireforma".

Rebeldía por hambre en Argentina y América Latina. 

No solamente la Argentina sino también América Latina es un volcán de estos nuevos movimientos antireforma, de estos movimientos que surgen desde la rebeldía y concentrando alternativas de vida frente  a un modelo que ahoga al grueso de la población, que la sumerge en la pobreza, en la indigencia y en el hambre.

Nos habla Ana María Ezcurra en este libro Que es el Neoliberalismo, este libro que estamos comentando, nos habla de un modelo neoliberal de políticas sociales: "...donde este aggiornamiento impulsa una reasignación de las políticas pero no en el mercado de trabajo donde se verifica una transferencia de sentido inverso, regresiva. Por eso la redistribución queda limitada a la acción pública estatal y en especial a ciertas prestaciones sociales... se trata de las políticas sociales que han sido recientemente jerarquizadas y funcionales a las presiones y las negociaciones con los organismos financieros internacionales". Esto es un agregado nuestro que nos preocupa: las sucesivas negociaciones con los bancos, con los organismos internacionales que son los que financian estas políticas sociales van todas destinadas a acrecentar nuestra deuda externa. Pero esto no es lo peor, se supone que esos préstamos son dineros nuestros. Son nuestros aunque no lo tengamos y sin embargo en todas las negociaciones con estos organismos internacionales, llámese el Banco Mundial o el BID, son los bancos los que imponen su voluntad acerca del cómo, del para qué, del para quiénes se establecen estas políticas sociales.

Esto indica claramente una falta de políticas de Estado, una falta de presencia, de dignidad de los funcionarios del Estado en las relaciones con estos organismos internacionales.

No debemos olvidar que estos bancos son organismos multilaterales, o sea que detrás de ellos están los estados. Están los Estados representados por sus funcionarios, de manera que cuando nosotros solicitamos dinero ya sea para los planes Jefas y Jefes de Hogar, ya sea para los microemprendimientos o para cualquiera de las políticas sociales lo que estamos negociando..., ese dinero que es nuestro, y que para conseguirlo debemos acatar las propuestas del banco, en realidad lo que estamos acatando es la voluntad de esos Estados que expresan a través de sus organismos.

Esta es una de las situaciones clave de este modelo. Otra es la falta de identidad de nuestras jóvenes generaciones: La falta de un Proyecto Nacional, la falta de un modelo de país.

Y nos preguntamos viendo a nuestra clase política con una historia discontínua y fragmentada, con personalidades fragmentadas a lo largo de la historia porque han pasado por tantos signos, por diferentes partidos, para llegar adonde están: ¿como podrían aquellos que tienen una historia tan interrumpida, sucesivamente cambiante, como podían transmitir si no pueden asumir su propia historia? ¿Como pueden proyectarla a las nuevas generaciones?

Creo que esto es un drama que tiene que ver con los años 70, un drama inconcluso, un drama irresuelto sobre el cual los argentinos tendríamos mucho por debatir, porque justamente los hijos o los descendientes o las expresiones de aquellas generaciones que que están en el gobierno al no poder asumir su propia historia con respecto al peronismo tienen enormes dificultades para transmitirles a las próximas generaciones que da la impresión que crecen y se desarrollan sin una brújula identitaria frente a una historia burbujeante, presente... justamente leíamos hoy que se acaba de ubicar, gracias a nuestro amigo Chumbita, en la Recoleta, los datos de que estaría allí enterrado Juan Bautista Tupac Amaru, el último descendiente de los Incas que San Martín y Belgrano trataron de llevar al gobierno de las Provincias Unidas del Río de La Plata, que habría tenido capital en Cuzco. Que diferente habría sido nuestra historia. Hoy el Cuzco y Bolivia es el centro de un volcán revolucionario de reivindicaciones sociales importantísimas. Y estamos hallando al último descendiente de esa estirpe maravillosa del incaico, lo estamos descubriendo hoy en nuestro Cementerio de la Recoleta.

El modelo se extiende al campo, y ese paradigma que vemos que se ha instalado en la mentalidad de los argentinos como en tantos otros funcionarios internacionales: "a los pobres hay que darles de comer". Y así estamos festejando siempre nuestros récords de exportaciones. En el campo internacional los barcos con ayuda alimentaria de Estados Unidos tratan de entrar en muchos lugares donde el hambre aprieta y en realidad lo que hacen es provocar devastaciones culturales que aceleran las situaciones y las catástrofes de hambrunas.

Los sectores medios "progresistas" no entienden nada.

Es difícil para los sectores medios progresistas entender que a los pobres no hay que "darles de comer". A los pobres hay que dejarlos que produzcan su alimento. A los pobres, a los campesinos sean de la América Latina o del África, lo que se ha hecho es expropiarles sus semillas, sus culturas, sus tecnologías y tierras; y ahora les llevan papillas que se alimenten. Tenemos cantidad de paquetes de papillas que se distribuyen en esta Argentina marcada por una geografía del hambre y la indigencia. A nosotros nos han mandado cantidad de estos paquetes de papillas por ejemplo que se reparten en la provincia de Río Negro y la gente manifiesta que se enferman al comerlas. Estamos tratando de analizarlas para ver que es lo que tienen. Pero de todas maneras los médicos cuando las vieron, los bioquímicos lo primero que nos dijeron es: no es raro que se enfermen, esta no es manera de comer.

Es una vergüenza, es un ultraje que los argentinos tengan que comer estas papillas que llevan una foto que dice: arroz con pollo o guiso de lentejas. Y adentro son todas iguales. Seguramente tienen soja y soja no desactivada y soja transgénica no desactivada. Y tenemos frente al campo despoblado, destruidas las culturas rurales, el campo devastado por los agrotóxicos en todas partes, las banquinas de los caminos ocupadas por la soja; frente a eso tenemos la ciudad. La ciudad que es la contrapartida con los cinturones de pobreza sin resolver, con los colapsos ambientales, con una situación carcelaria cada vez mas terrible donde las prácticas de terrorismo que conocimos en otras épocas se han hecho habituales; el uso de esposas, incluso en los enfermos, el hacinamiento, los castigos corporales de todo tipo, el aislamiento por largos períodos, el maltrato a los familiares como hecho constante y denigratorio para quebrar la voluntad del detenido... y después... estos discursos, discursos fantasmagóricos como los de Blumberg, como los de Ruckauf, como los de tantos otros reclamando mas gatillo fácil, mas mano dura. Como si no tuviéramos bastante como quién hecha gasolina en la hoguera.

El problema se resuelve de otra manera. El problema se resuelve tratando de develar cuál es el modelo, no tratando de resolver los aspectos parciales del modelo.

Cuando nos enteramos que mas de la mitad de los nacimientos de la Argentina, o por lo menos en las grandes ciudades, se está dando por cesárea o por métodos de violenta intrusión  en el momento del nacimiento , estamos también hablando del modelo que necesita de la violencia, de conflictuar a la madre y al niño en ese momento de extrema privacidad como lo es el momento de dar a luz, estamos hablando de un mismo modelo.

Estamos también hablando de la soja, también estamos hablando de la historia de los 70 que no logramos esclarecer, estamos hablando del país forrajero republiqueta sojera y también estamos hablando de ecología, de una ciudad al borde de los colapsos ambientales.

Jorge Rulli. Horizonte Sur. Radio Nacional. 4 de junio de 2005

lunes, 31 de diciembre de 2018

Hace 61 años Perón le escribía a Raúl Scalabrini Ortíz





Carta a Scalabrini Ortiz 31 de diciembre 31 de 1957

Escrito por Juan Domingo Perón.

Caracas, diciembre 31 de 1957

Al Sr. Raúl Scalabrini Ortiz.

Buenos Aires

Mi querido amigo:

Las circunstancias han impedido que mantuviéramos comunicación directa. Sin embargo, he seguido lleno de satisfacción sus valiosas cartas sobre temas de la triste actualidad de nuestra patria. Tan ponderable labor es consecuente con la heroica con¬ducta de lucha antiimperialista observada por Usted durante toda su vida.

Su prestigio, volcado valientemente en trabajos serios, inin-terrumpidos y oportunos, le ponderan hoy —una vez más— ante la argentinidad.

Los que, como Usted, no saben pedir pero son conscientes de sus responsabilidades no podían dejar de contribuir con su capacidad autorizada y orientadora frente a las nuevas fuerzas de ocupación.

Usted conoce el pesado trabajo de la prédica anticolonialista. Durante muchos años —lo recuerdo bien— se encontró casi solo en el combate. La conspiración del silencio, cuando no la persecución abierta, era problema permanente que le enfrentó con la miseria —sobrellevada dignamente— mientras quebraba las energías de numerosas inteligencias argentinas. No podía exigirse un país de apóstoles "elegidos" y se presenciaba con descorazonamiento que, ante la chatura ambiente, la crueldad de la realidad ahogaba los esfuerzos por las banderas nacionales.

En fin, entre nosotros no podemos contarnos historias tan recientes. Pero hay cosas innegables de las cuales no se puede prescindir en cualquier planteo presente o de futuro. A Usted le cabe el honor del precursor, el formador de una promoción que alimentó a la revolución nacional. Por otra parte, el mérito de la popularización y realización de los principios de indepen¬dencia económica y soberanía política es obra exclusiva del justicialismo, que las vinculó estrechamente con el problema social.

Hoy, mi amigo, comprobamos con alegría que su popularidad es inmensa, porque su lenguaje y conceptos están en el pueblo y Usted puede dialogar cómodamente con él. Su actitud ha sido invariable en muchos años, pero ¡qué hermoso es sentirse interpretado! Está lejos el tiempo aquél en que clamaba, prácticamente en el desierto, ante la incomprensión de la masa y la indiferencia oligárquica. En un lapso maravillosamente corto se ha operado el cambio politizador y Usted ya podrá conti¬nuar ininterrumpidamente ese diálogo, porque los Pueblos nunca abandonan a sus verdaderos amigos.

Pero la actitud del enemigo de siempre ya no es pasiva y se defiende ahora con toda la intensidad de sus fuerzas y métodos modernos. Frente a las nuevas circunstancias, se nos presentan nuevas responsabilidades.

Por estas razones, pienso que nadie como Usted sería más eficaz para propiciar y encabezar un movimiento que tienda a aunar las inquietudes de liberación de los intelectuales que no desertan del hombre y la tierra argentinos. Semejante tarea perfeccionaría la lucha, un tanto descordinada en ese campo, contra la oligarquía. Yo deseo —y así se lo pido— que Usted me¬dite esta posibilidad y me comunique sus puntos de vista sobre el particular. Desde ya, puede dar por descontado mi apoyo y lo mismo pediría a todos los compañeros del movimiento pero¬nista que yo concibo como un frente nacional libertador y sin miopías sectarias.

Recientemente le he tenido muy presente al preparar mi nuevo libro "Los vendepatrias", que acaba de aparecer y del cual le envío un ejemplar por separado. Verá que lo cito profusamente en apoyo de mis tesis sobre el plan imperialista que se cumple inexorablemente, con la complicidad del grupo apátrida que detenta el poder.

A la espera de sus noticias, le abrazo con el mayor afecto.

Firmado: Juan Perón.

jueves, 30 de agosto de 2018

Hace 45 años Perón hablaba en el Congreso y nos decía: "DEBEMOS COMENZAR A PENSAR EN GRANDE"








Discurso del Teniente General Juan Perón en el Salón de Pasos Perdidos del Congreso Nacional ante Legisladores de ambas Cámaras el 30 de agosto de 1973


Señores Legisladores:

    Mis palabras primeras serán para pedir disculpas por haber venido un poco tarde a conversar con los compañeros y con los señores legisladores del Congreso Nacional.
     Esto ha sido debido a que mi estado de salud durante un tiempo me obligó a permanecer tranquilo, y ahora, que ya he comenzado a tomar contacto, se me han acumulado una cantidad de compromisos, que voy a cumplir paulatinamente. Por eso, les pido disculpas por no haber dado prioridad a esta obligación tan elemental de llegar con mi saludo y mi   afecto a los señores legisladores del Congreso Nacional.
     He querido llegar hasta acá para sintetizar las ideas que surgen del conocimiento paulatino que vamos tomando de la situación nacional. Desgraciadamente, esa situación nacional no es nada alentadora. Es indudable que muchos años las instituciones han ido trastrocando sus funciones, y paulatinamente degenerando en una dirección que no es ni ha sido la más conveniente para la comunidad.
     En esto los argentinos tenemos que hablar sin reservas mentales, porque la situación se puede ir compulsando a medida que es posible ir penetrando en los distintos factores y circunstancias que juegan tanto en la situación política como en la social, económica, cultural, etcétera. Recién ahora, a base de los informes que he ido recibiendo, puedo decir con toda franqueza cuáles son las ideas que nosotros debemos contemplar en estos momentos, para encarar una solución que, con todo, no es nada fácil.
      Creo yo, y así lo he trasmitido a muchos señores -especialmente, dirigentes políticos con quienes he mantenido y mantengo un permanente contacto- que la situación de la República Argentina -y esto lo digo con la experiencia que presupone mi larga preocupación por la cosa pública durante los dos periodos constitucionales de gobierno que me ha tocado desempeñar en el pasado-, creo que la situación argentina es de tal naturaleza, que es imprescindible que todos los argentinos, deponiendo todas las pasiones que puedan habernos animado y todas las controversias que podamos haber desarrollado en el pasado, nos persuadamos de la necesidad de que todos unidos y solidarios, nos pongamos a resolver una situación que, de otro modo, puede conducirnos a un desastre futuro.

    Sería largo, y no quiero entrar en detalles que los señores legisladores conocerán perfectamente, como yo, ya que han comenzado a tomar parte de la investigación de muchos asuntos que, indudablemente, son parte de ese panorama que estoy comentando.
     Es indudable que el Gobierno, por las circunstancias conocidas, ha tenido estos cambios y variaciones. Y que al conformarse un nuevo gobierno, cualquiera sea el candidato que tome la responsabilidad, debemos asegurar para esta etapa una acción mancomunada, sin la cual el país no tendrá mucho que agradecernos. Pienso yo que el país, durante este primer Gobierno del Pueblo, es necesario que lo consideremos como en un estado de emergencia. Lo mismo que ha sucedido en otros países, que, al terminar una gran guerra o ante una catástrofe, declaran el estado de emergencia, en el cual toda otra consideración de segundo orden pasa a ser suprimida, para ir a lo fundamental, que es la salvación de la comunidad, fuera de la cual no hay solución para nadie, porque nadie ha de realizarse en una comunidad que no se realiza.
     En este sentido es que yo he querido llegar hasta los compatriotas legisladores de todos los sectores. Cada uno ha de estar animado de los mismos sentimientos, con la misma sinceridad con que deben compulsarse estos problemas. En consecuencia, se descarta la buena intención y la buena fe sin reservas mentales de ninguna naturaleza, como debemos hablar hoy todos los argentinos, si es que tenemos el deseo de que el país salga adelante, como debe salir en poco tiempo.

    Los dos Gobiernos -el que transcurrió desde el 25 de mayo y el que está actualmente en la dirección del Estado- han recibido una planificación que no es de ahora. Si nosotros recién comenzáramos a estudiar los problemas y a preparar una planificación, llegaríamos tarde. Este trabajo hace ya varios años que en nuestro Movimiento, organismos perfectamente orgánicos han venido estudiando los problemas, de manera que le Gobierno ha recibido el producto de toda esa planificación y de esos estudios, especialmente en el aspecto económico, que es por ahora uno de los más importantes, fuera del político, que es el más importante de todos.
     La solución del problema político dará lugar a las demás soluciones. Pero el problema económico es de una importancia extraordinaria. Por eso se ha venido trabajando intensamente, y todos los proyectos de leyes que se han pasado a la consideración de los señores legisladores, han sido estudiados profundamente y pertenecen a un plan de conjunto, como deben ser los planes que elaboremos en el presente, pensando en el futuro inmediato.
     Por eso yo hago de esta oportunidad, una ocasión para pedirles a los señores legisladores que contemplen y aceleren los estudios de todos los aspectos del conjunto de leyes económicas, sin las cuales hay detenidos algunos planes que solamente podrán ejecutarse a través de estas leyes. O, de lo contrario, será peor, porque habrá que hacerlo sobre contratos, diremos de intención, que no es lo mismo que poder hacer ya los contratos definitivos, porque la ayuda que nosotros necesitamos y que está en marcha, no hay que desperdiciarla, porque en esto, como en todas las ocasiones de la vida, al hierro hay que doblarlo cuando está caliente. Y en este momento, nosotros tenemos oportunidad de poder asimilar una enorme ayuda que quizá en el futuro no sea de la misma cantidad y de la misma calidad.

    Este es un periodo que yo hago a los legisladores especialmente, porque estoy siguiendo muy de cerca toda esa legislación. Hay que darse cuenta de que tampoco ésta es una legislación que fijaría con carácter definitivo, porque cualquier defecto que durante la marcha puede observarse, es susceptible de corregirse inmediatamente por una nueva legislación que los señores legisladores tendrán en sus manos y bajo su responsabilidad.
     De manera que lo que queremos es que no se pierda tiempo. Ya esto puede ponerse en marcha, y eso es de una importancia decisiva para la solución de muchos problemas que están pendientes.
     Fuera de esto, señores, yo tenía también el deseo de tratar el problema político. Ese problema político para nosotros puede ser absolutamente decisivo.
     Existen circunstancias que estaría de más que yo comentara, porque los argentinos somos pocos y nos conocemos bastante bien. Es necesario, a través de un buen procedimiento, sincero, leal y patriótico, que descarte toda posibilidad de otras desviaciones, siempre posibles, si son ayudadas por los dirigentes políticos.

    El dirigente político en la República Argentina, como en casi toda Latinoamérica, tiene un momento en la vida en que debe contemplar con gran prudencia y penetración su situación.
     Las comunidades modernas, como los pueblos, no valen ni por la cantidad de territorio, ni por la cantidad de habitantes, sino por la calidad de los dirigentes políticos que las encuadran y conducen.
     Es precisamente desde esta premisa donde las fuerzas han venido actuando por la dependencia han especulado. Y han especulado con mucha sabiduría.
     Hemos observado que desde hace muchos años los dirigentes políticos han sido objeto de una denigración permanente. Es decir, hay una organización que se ha encargado de llevar a la conciencia de mucha gente, fácil de convencer, que el político es siempre un venal, un ladrón, un sinvergüenza y un hombre que no ama a su patria. Y esto, desgraciadamente, se ha hecho cierto en muchas oportunidades, y nosotros, los políticos, hemos sido los mejores colaboradores que esas patrañas han tenido, porque nosotros nos hemos encargado de decirnos todas esas cosas todos los días, aun a sabiendas de que eran falsas y que servían a otros intereses que no eran los intereses del pueblo argentino.
     Esto, señores, es un asunto ya muy conocido y que pertenece a la historia. Y aunque no han transcurrido en algunos casos los veinticinco años que permiten las publicaciones, podemos saber perfectamente cómo se han gestado y por qué.

     Todo esto para nosotros ha comenzado en 1956, con la primera reunión de presidentes de América, que se realizó en la ciudad de Panamá y a la que concurrieron los jefes de estado de las veintiuna naciones latinoamericanas.
     En esa primera conferencia de presidentes de América, yo, que estaba exiliado en Panamá, tuve la ocasión de meter la nariz desde lejos; pero la metí porque entre los jefes que asistieron tenía buenos amigos, que en el total de la información, uno de ellos, hombre de gran claridad, me dijo: "Vea, todo esto ha sido con un solo objeto. El solo objeto con que se ha hecho esta conferencia ha sido expresado en los últimos días de la Conferencia por el presidente Eisenhower, que ha dicho como una guerra internacional entre los países latinoamericanos ya no sería posible en el futuro, pues las fuerzas convencionales -es decir, ejército, marina y aeronáutica- habrían perdido su razón de ser anterior. Pero como el comunismo era el enemigo que teníamos en el Continente, esas fuerzas debían dedicarse exclusivamente a combatir al Comunismo".
     Aprobada esta idea, se estableció una reunión de los comandantes en jefe para dos años después, en San José de Costa Rica. En el interregno, entre el 56 y el 58, se invitó a los jefes a las visitas consabidas, y en el Pentágono probablemente les hicieron el lavado de cerebro correspondiente, se establecieron cursos especializados de las fuerzas del Caribe en el canal de Panamá, y dos años después se realizó la conferencia de San José.
     Pero lo importante viene después. A raíz de eso, todos los países latinoamericanos cayeron en manos de dictaduras militares. Las consecuencias las sacará cada uno de ustedes.
     Y es curioso que juntamente con esa acción, donde indudablemente ha habido cuestiones inconfesables, arreció de una manera tremenda el ataque contra los dirigentes políticos de toda Latinoamérica. Los diarios, revistas y, como digo, desgraciadamente nosotros mismo, nos encargamos de sacarnos el cuero mutuamente, en favor de una causa que realmente era una infamia. Por eso creo yo que contra toda esa existencia debemos reaccionar. Ya no es posible que sigamos nosotros sirviendo a intereses hábilmente tramados, pero que van tras finalidades contra las cuales todos nosotros estamos decididos a combatir. Es decir, una dependencia bajo la cual ningún país podrá realizar su propio destino.
     Pienso yo que esas circunstancias han de ser conocidas por el pueblo argentino, y especialmente por nosotros, los políticos, tan denigrados durante tantos años, a pesar de todos los sacrificios que hemos soportado para servir de alguna manera a la patria, de la manera en que cada uno de nosotros la entiende.

    Señores, podría comentar que el haber estado tantos años lejos de país, me ha permitido conocer muchas cosas que aquí, con el tráfico gallináceo de firmar decretos de todos los días en la Casa de Gobierno, no se puede conocer. Pero nosotros debemos comenzar a pensar en grande. Ese juego de enanos que se ha dado en muchas oportunidades, tenemos que abandonarlo. Tenemos que empezar a pensar que formamos parte de un Continente cuyo destino es envidiable, aún para los superdesarrollados, que se están quedando sin riquezas naturales, y pensando que nosotros, los que disponemos de esas reservas, seremos los ricos del porvenir, en tanto ellos serán los pobres del futuro.
     Este es un proceso que está en marcha desde que terminó la segunda guerra mundial. Es decir que los que han destruido ecológicamente sus zonas de supervivencia, echan sus ojos hacia las zonas de grandes reservas que todavía existen en la Tierra, no porque hayamos sido muy previsores para no destruirlas, sino porque no hemos tenido ocasión de hacerlo.
     Pensemos en esta gran enseñanza, porque la etapa que viene de acá al comienzo del siglo XXI -el temido año 2000- ha de ser de grandes previsiones, si no queremos sucumbir. De ahí que nuestra política internacional ha de estar dirigida a la unidad latinoamericana y a la conformación de un Continente unido, solidario y organizado para defenderse.

    Nada hay hoy más importante en política internacional que eso, porque si no nos organizamos y preparamos para defendernos, nos lo van a quitar todo..., por teléfono si es necesario. Hay que pensar, señores, en que ya el mundo (y sobre todo, los grandes países) están pensando en que ésta evolución que nosotros hemos presenciado, va a desembocar, quizás antes de que comience el siglo XXI, en una organización universalista que reemplace al continentalismo actual. Y en esa organización universalista se llegará a establecer un sistema en que cada país tendrá sus obligaciones, vigiladas por los demás, y obligado a cumplirlas aunque no quiera, porque es la única manera en que la humanidad puede salvar su destino, frente a la amenaza de la superpoblación y de la destrucción ecológica del mundo.
     Es así que nosotros debemos comenzar a pensar, también, que ese universalismo ha de ser organizado por alguien; y que si nosotros no nos disponemos también a intervenir en la organización de ese internacionalismo, todos nuestros años de lucha por liberarnos serán inútiles, porque si los imperialismos actuales imponen el ritmo de esa universalización, lo harán a su provecho, no en el nuestro.
     Por eso pienso que frente a los enormes problemas que los argentinos de la generación que nos sigue a nosotros deberán resolver, son de una importancia tal, y tan llenos de peligros y de acechanzas, que si no se los descarta por una acción que comencemos desde ahora, es probable que lleguemos en retardo a la solución de esos problemas, y que, en consecuencia, paguemos también como pagan todos los que llegan tarde.

    Señores: yo no quiero abundar sobre estos problemas; pero lo que sí quiero, es tratar de despertar en el ánimo de los argentinos que debemos unirnos para resolver estas minucias de nuestra política interna, porque tenemos delante de nosotros una juventud a la cual tendremos que legarle algo positivo, y lo positivo que podemos legarle es lo que hagamos para las soluciones del futuro mediato. Si no, la juventud tendrá un día derecho a decir que nosotros hemos sido unos patanes que no hemos sabido resolver un problema que en ese momento ellos verán con una claridad meridiana. Seamos capaces de pensar, seamos capaces de prever, y empeñémonos en las empresas importantes, con todo el empeño que debemos poner, dejando las cosas subsidiarias y secundarias -como es la política interna-, para resolver entre amigos que buscan y quieren un destino común.
     Nuestro Gobierno ya está dentro de estas orientaciones, y el Poder Ejecutivo está obrando dentro de ellas. Es así que hemos corregido muchas cuestiones que nos presentaban equívocamente frente a un mundo que nos está observando.
     Dentro de pocos días se realizará la segunda reunión de países no alineados. Nosotros estamos y estaremos allí, estaremos dentro del concepto de lo que esa gente defiende: un tercer mundo. Un tercer mundo que en el futuro no dejará que los imperialismos puedan resolver el problema de la organización universal en su provecho y beneficio, y en perjuicio de todos los demás.

    No somos fuertes, pero somos muchos. Hace treinta años, de este país salió la idea de una tercera posición, enunciada en 1944. Como digo, lanzada en 1944, cuando estaba terminando la guerra. En consecuencia, para esta clase de pensamientos no estaba el horno para bollos. Cayó aparentemente en el vacío, y hasta hubo algunos, ingenuos en el fondo, que se rieron de nosotros.
     Pero han pasado treinta años, y hoy las tres cuartas partes del mundo están decididas y encaminándose hacia ese tercer mundo, que ha de ser salvador, porque no está tras los objetivos mezquinos que los imperialismos han sostenido, sostienen y sostendrán en el futuro.
     Yo pienso, señores, que en eso es el lo que no podemos dejar de estar en claro.

    Ahora, con referencia a esa politica interna que también entre nosotros tiene su importancia -salvando, sin duda, ese gran plafond donde debemos poner la inspiración y el pensamiento para ese futuro al que debemos y tenemos derecho a aspirar-, es indudable que ha llegado el momento de que la política argentina cambie totalmente. Seguiremos respetando, indudablemente, los principios democráticos en los que se ha fundado nuestra nacionalidad.
     Pero no dejaremos de obedecer también a esa evolución que nos lleva hacia otras direcciones, que no son las mismas. La democracia tiene en su concepción integral, infinito número de gradaciones y de matices. Se pueden cumplir, como se han venido cumpliendo en todas las etapas de la evolución de la humanidad.
     Un Medioevo creó su sistema, el sistema feudal. Las nacionalidades crearon su sistema demoliberal. El continentalismo crea su sistema eminentemente social.
     El hombre no interviene sino subsidiariamente en la evolución. La evolución es obrea del determinismo, y a veces del fatalismo histórico. El hombre cree que él lo hace. ¡Pobre ingenuo! Él sólo crea un sistema periférico, para poder, como una montura, acomodarse y cabalgar sobre la evolución y sobre la etapa de la evolución que le toca vivir.
     Así hemos sido feudales, demoliberales, socialistas hoy; porque el mundo va, indudablemente, en esa dirección, y no sabemos qué seremos en la etapa universalista, que está más próxima de lo que todos nosotros imaginamos.

    El Medioevo duró quinientos años, pero se andaba en carreta. En la época del automóvil, el demoliberalismo duró dos siglos, el diecinueve y veinte. El continentalismo, en la época del jet, ¡quién sabe si llega al año dos mil! Empezará un nuevo sistema, que ha de caracterizar las nuevas formas de la organización universal, en la que todos los países han de comprometer sus destinos, si no quieren sucumbir.
     Porque este problema se resuelve de dos maneras: buscando la solución geopolítica que permita una mayor producción y una mejor distribución de los medios de subsistencia; ése es un camino. El otro es la bomba de cien megatones, que también será una solución, si la insensatez de los hombres no ha acertado a resolver el problema por la vía geopolítica.
     Me temo mucho que eso pueda suceder, porque veo cómo se comienzan a defender las formas, desde ahora, de una situación injusta para el noventa por ciento del mundo. Es allí donde debemos inspirar nuestra política, sin ocuparnos inútilmente de las palabras. No; son los hechos los que han de movilizar nuestra acción y nuestra conciencia, no las palabras.
     En esto la política interna de nuestro país ha de cambiar, como cambian todas las democracias modernas. Hoy es imposible congeniar los partidos políticos de hace un siglo y aun de hace medio siglo, donde las formas falsas de la política habían llegado a conseguir que un argentino pudiera ser mortalmente enemigo de otro argentino.
     Hoy eso, señores, es inaceptable; es inaceptable acá y en Budapest. Ya eso es cosa pasada para el mundo. Hoy, las formas de lucha política son totalmente diferentes. Se hacen todas orientadas con un solo objetivo: el bien del país en el que cada uno pone su idea, sea de extrema derecha o sea de extrema izquierda, no interesa de dónde, siempre que sea una idea que pueda ponerse al servicio del destino y de la grandeza del país.
     Eso es lo que pretendemos, señores, nosotros, si es que ganamos.

    Señores: si fuera otra fuerza política la que obtuviera el triunfo en las elecciones y se hiciera cargo del gobierno, para nosotros sería igual, en las circunstancias en que nos encontramos. Pondremos sin ninguna clase de sectarismos y sin exclusiones de ninguna naturaleza, la posibilidad de que cada argentino bien intencionado, venga con el rótulo que venga, pueda intervenir en la acción de gobierno, ya sea en lo legislativo como en lo ejecutivo.
     Nosotros haremos posible que todos los argentinos, cualquiera sea su matiz político, pueden intervenir en la defensa de la cosa pública, respetado por las demás fuerzas. Nunca he visto ese respeto a las minorías del que se habla, porque lo he oído citar desde que tengo uso de razón. Pero lo he visto atropellar, también desde que tengo uso de razón. No he conocido ningún sistema argentino -y tengo ya setenta y ocho años, dentro de pocos días-, no he visto que se le diera la menor importancia, y como dicen los muchachos, que se diera corte a las minorías, lo que es injusto y lo que no debe ser. Los grandes valores que la inteligencia pone en los hombres, no indican que han de estar en la mayoría o en la minoría: están en todas partes. Es necesario que eso sea lo que juntemos y acopiemos para llevar adelante al país: materia gris en la mayor cantidad posible para llevar adelante el país, siempre que esté calificada con la honradez y la lealtad que el país debe exigir a cada uno de sus hijos.
     Señores: yo no quiero abrumarlos a ustedes con muchas otras cuestiones que podríamos desarrollar dentro del panorama nacional. Me basta con pocas líneas sintéticas para fijar de una manera general la orientación general la orientación que el Movimiento Justicialista y el Frente Justicialista de Liberación Nacional tratan de desarrollar, y de pedirles a todos los dirigentes políticos de las otras fuerzas políticas, que sean nuestros amigos y nos acompañen en la tarea que es común.

    Pensando en lo que hay que realizar, ningún esfuerzo realmente útil para el país puede ser despreciable.
     Yo he querido llegar a ustedes con estas palabras, que reafirman, de la manera más absoluta, que nuestro gobierno, si es que triunfamos, será un gobierno de emergencia, porque la situación también es de emergencia. En ese gobierno de emergencia haremos lo que en los casos de emergencia hay que realizar: llamaremos a todos los argentinos, y pondremos en su posibilidad de hacer cada día algo por la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de nuestra Nación.
     Yo quiero que todos los argentinos sepan que nuestro Movimiento ni es sectario, ni es excluyente. Hemos dado prueba de ello a lo largo de treinta años. Todo el que ha querido llegar a nuestro Movimiento, ha llegado, y ha tenido el mismo derecho que todos los demás, porque yo no creo que los movimientos sirvan solamente, como dicen algunos, con los de la primera hora. Sirven con los de todas las horas, y eso es lo que nosotros buscamos.
     Y si en esa etapa de emergencia somos capaces de olvidar y echar a la espalda todas las pasiones que hayan podido producirse en el pasado, recién contaremos con el espíritu suficiente para encarar una tarea con la solidaridad que el propio patriotismo nos está exigiendo.


viernes, 13 de abril de 2018

Perón rechazaba, una vez mas, ser sobornado por el criminal de Lanusse, hace 46 años




Memorándum para el doctor Don Elias Sapag 13 de abril de 1972

Escrito por Juan Domingo Perón.

Memorándum para el doctor Don Elias Sapag

Me ha causado profunda sorpresa e indignación conocer por palabras del Presidente Lanusse, una acusación infamante contra mí: "que reclamo la entrega de cuatro millones de dólares en forma inmediata para continuar las tratativas y un millón de pesos mensuales". Esto significa que, el que haya dicho semejante infamia, no puede ser sino un malvado que actúa con aviesas intenciones.

El primero que me insinuó la posibilidad de que se resolvieran "todas mis cuestiones personales", fue el Sr. Jorge Paladino, por insinuación y palabra del Presidente Lanusse, según me dijo. Yo le contesté textualmente: "mis cuestiones personales me importan un rábano". El segundo que lo hizo fue el Brigadier Jorge Rojas Silveyra -Embajador Argentino en Madrid— al que le respondí lo mismo, agregándole que no me conocían a mí, si pensaban siquiera sea fugazmente, en la posibiüdad de un soborno; que las cosas personales mías, no contaban para nada, pero que, si se trataba de resolverle los problemas al país, encontrarían en mí la mejor disposición y buena voluntad, sin reserva alguna.

Ignoro quién puede haber sido el que ha dicho semejante infamia, porque no creo que el Embajador Rojas Silveyra haya perdido el juicio o pueda estar detrás de un intento de estafa al Presidente. Sólo puedo afirmar que hoy, como durante estos diecisiete años que dura mi exilio, jamás he reclamado nada, como tampoco lo hago en la actualidad.

En cuanto a que el Doctor Frondizi me Haya ofrecido "tres millones de dólares" es una patraña más de los que, imagino, se empeñan en confundir al Presidente, quien sabe con qué designios.

Madrid, 13 de abril de 1972

Firmado: Juan Perón

martes, 17 de octubre de 2017

Perón hablaba al pueblo el 17 de octubre de 1952




DISCURSO DEL DÍA DE LA LEALTAD EN PLAZA DE MAYO
Juan Domingo Perón [17 de Octubre de 1952]


Compañeros:
Yo deseo que mis primeras palabras sean para rendirle, desde lo más profundo de nuestros corazones, un homenaje sincero y argentino al excelentísimo señor presidente Somoza, que nos acompaña. Rendimos en él el homenaje más caro de nuestros corazones al hermano pueblo de Nicaragua y a su hermosa patria, recordando asimismo al inmortal Rubén Darío, que vivió con nosotros largos años y que representa el elevado idealismo de esa patria generosa que, aún lejana en el espacio, está muy cercana en nuestro corazón.
Quiero también agradecer a los compañeros de la CGT que, en nombre de sus seis millones de afiliados, han tenido la amabilidad de colocarme sobre el pecho esta banda argentina que, por provenir de los trabajadores de la patria, representa para mí la más honrosa, la más digna y la más alta distinción de que pueda ser objeto un gobernante. Y como de costumbre, deseo, desde esta plaza, en la cual reviven todos los momentos de nuestra vida histórica e institucional, hacer llegar a todas las plazas de la República, donde en este momento están reunidos nuestros compañeros para escuchar las palabras que les dirigimos desde aquí, este saludo que yo les hago llegar con el más apretado y sincero abrazo de compañero y de hermano.
Y como en todos los 17 de Octubre, quiero desde este balcón dar cuenta al pueblo, sintéticamente, de cómo marcha nuestro gobierno. Compañeros: hemos seguido, desde 1944 hasta nuestros días, una línea inquebrantable de conducta determinada por los objetivos de nuestra doctrina.
El primer Plan Quinquenal fue obra extraordinaria
El primer Plan Quinquenal ha realizado, como ustedes conocen, una obra extraordinaria en todos los órdenes, pero para mí la más satisfactoria es el haber afirmado en esta tierra de todos mis amores la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía de la Nación.
Ese primer Plan Quinquenal, que afirmó esas banderas en las astas inmortales de nuestra historia, dio también al pueblo argentino un grado de bienestar no alcanzado jamás en nuestra historia, y dio, por sobre todas las cosas, un grado de dignidad sin el cual la vida no merece ser vivida.
Hemos iniciado con el año 1953 nuestro segundo Plan Quinquenal. Los objetivos de ese Plan se afirman también en las banderas ya izadas y consolidadas de nuestra Justicia, de nuestra Independencia y de nuestra Soberanía. Tiende el mismo a completar el ciclo que nos asegure, en su orden general, una economía integralmente satisfactoria.
El camino de la riqueza y el engrandecimiento
Yo, al contrario de lo que pensaron muchos economistas argentinos, pienso que no nos podemos conformar con ser un pueblo de pastores y de agricultores, aunque nos llamen la panera del mundo, como se ha dicho muchas veces. Es por eso que el Segundo Plan Quinquenal, al cristalizar los objetivos totales y definitivos de nuestro esfuerzo social, económico y político, da orden de preferencia a todas las realizaciones industriales. Queremos ayudar a esa inmensa masa campesina, que con sudor de todos los días ha mantenido durante un siglo y medio en pie la argentinidad y el trabajo argentino, con el esfuerzo de las masas urbanas destinado a la transformación de la materia prima y a la distribución de la riqueza, para que, establecido el ciclo integral de la República pueda retomar silenciosa y dignamente el camino de su riqueza y de su engrandecimiento.
Para ello necesitamos solamente dos cosas: organización y trabajo. La organización es tarea del gobierno, y ustedes saben con qué ritmo la estamos realizando. En cuanto al trabajo, yo sé que los brazos generosos de los trabajadores argentinos están pidiendo actividades para producir; que en sus pechos honrados late un incontenible deseo de lucha y de trabajar para engrandecer a la Patria.
Si en el primer Plan Quinquenal, conseguimos elevar el standard de vida a un grado de satisfacción y de dignidad nacional, en el segundo Plan Quinquenal ese standard de vida ha de elevarse todavía muy considerablemente. Yo, como Presidente de la República, no estoy todavía satisfecho con el standard de vida general alcanzado por el pueblo argentino. Podemos llegar a mucho más. Para ello, solamente necesitamos las dos cosas que acabo de mencionar: organizarnos y trabajar incansablemente para lograrlo.
El trabajo, compañeros, como yo lo veo es poner en acción todos nuestros capitales y todos nuestros esfuerzos. Ello ha de lograrse con el cumplimiento de nuestros objetivos. Y desde ya descarto el éxito porque el pueblo argentino, con su grandeza extraordinaria me ha hecho optimista y me ha hecho entrever, que así como en el Primer Plan Quinquenal sobrepasamos todos los objetivos trazados -que habían sido calificados de ambiciosos- en el Segundo Plan Quinquenal hemos de sobrepasar también todos esos objetivos.
Nosotros queremos una cultura para el pueblo
A la par de todas estas realizaciones de orden material, estamos también empeñados en promover la reforma cultural y la reforma educacional de la comunidad argentina. Queremos que en el orden de la cultura los grandes valores que esa cultura promueva, trascienda al pueblo. Nosotros no concebimos una comunidad donde haya veinte o treinta sabios muy sabios y muchos millones de ignorantes muy ignorantes; nosotros queremos una cultura para el pueblo, nosotros queremos que esa cultura esté al alcance de todos los hombres de este pueblo para que así cada uno pueda ser el artífice de su propio destino. Hemos de promover esa reforma, y en cuanto a las ciencias, a las artes, y a la cultura en general, cada argentino tendrá también en su mochila el bastón de mariscal prometido.
Yo he de empeñarme en esta reforma con la misma decisión, con la misma perseverancia con que me empeñé en la reforma social en 1944. Y estoy seguro de que, con la ayuda de ustedes, hemos de triunfar. En cuanto a la política interna, ustedes saben tan bien como yo, cuáles son los progresos que en ese orden hemos realizado en la República. Después de diez años de lucha frente a la incomprensión, frente a la mala fe, frente a la lucha despiadada desde todos los rincones de esta tierra, comenzamos a llegar a la época de la persuasión definitiva. Yo nunca me he hecho ilusiones de convencer simultáneamente a todos los argentinos; pero, gracias a Dios, estoy viendo hoy que todas las legiones de los hombres de esta tierra comienzan a marchar en la misma dirección, y esa es para mi la victoria decisiva de mi patriotismo y de mi misión. Como sucede después de todas las luchas, comenzamos, la tarea de apaciguamiento. He dicho, y repito en este venturoso 17 de Octubre, que ningún adversario ni enemigo que quede entre nuestros hombres nos tenderá su mano sin encontrar la mano generosa del peronista para asirse a ella.
Que la lucha sea para la grandeza de la Nación
Nosotros, he repetido muchas veces, somos hombres de paz y de trabajo; sin embargo nos atrae la lucha, pero queremos que esa lucha sea para la grandeza de la Nación y el destino común de los argentinos. Ahí, en esa lucha queremos quemar toda nuestra energía y toda nuestra vida, si es preciso.
Compañeros: el cuadro que en síntesis podría ofrecer en todas las actividades económicas y políticas del orden interno de la República, nos está mostrando una situación que, en plena consolidación, puede ofrecer a los argentinos la seguridad, la tranquilidad y la dignidad con que deben vivir los hombres en una comunidad organizada. Y yo estoy persuadido que en el futuro, esa seguridad, esa tranquilidad y esa dignidad han de ir creciendo a la sombra de nuestra buena fe, de nuestro patriotismo, de nuestro trabajo y de nuestra buena voluntad.
Gesto de Eisenhower que le honra y le enaltece
En el orden internacional doy gracias a Dios, de que haya permitido en este año estrechar nuestras relaciones con todos los pueblos de la tierra. Un pequeño diferendo, más de forma que de fondo, que existía con los EE.UU y la República Argentina ha sido total y absolutamente solucionado y en ello haciendo la justicia a que tengo el deber, debo exaltar la ilustre personalidad del General Eisenhower, presidente de los Estados Unidos, quien, con un gesto que le honra y le enaltece, mandó a su propio hermano para zanjar todas las dificultades que pudieran existir con la Argentina.
Yo soy el más feliz de los hombres al haber podido realizar este acto que nos une sin reservas mentales a todos los pueblos hermanos de América.
Compañeros: Las verdades del Justicialismo, como toda nuestra doctrina, pueden confrontarse con nuestras realidades en el orden internacional. Somos lo suficientemente idealistas como para entender que la realidad constituye el supremo ideal. Los pueblos, como los hombres, no han podido aprender la ciencia oculta de vivir soñando; viven de realidades. Y los mejores sueños son los que se cumplen. Por eso, como en el año 1943, yo repito al pueblo: “Mejor que decir es hacer, y mejor que prometer es realizar”. Por eso nosotros, con la dignidad nacional, que es la suma de las dignidades individuales que llevamos en el corazón podemos decir que en este 17 de Octubre de nuestras luchas y de nuestras glorias, el Movimiento Peronista, el gobierno peronista y ese maravilloso pueblo peronista, vienen cumpliendo estas verdades de nuestra doctrina política internacional, desde el primer día en que el sol nos encontró madrugando en el gobierno por la felicidad y la grandeza de una Nueva Argentina, Justa, Libre y Soberana.
En este año del calendario peronista, que va desde el 17 de Octubre de 1952 a este nuevo 17 de Octubre, el mundo entero ha sido testigo de nuestra posición internacional clara y definida. No podíamos equivocarnos. Se equivocan los gobiernos que no cumplen la voluntad de sus pueblos. Y no nos equivocamos, porque yo he jurado ante mi propia conciencia no hacer sino lo que mi pueblo quiera.
Consulta al pueblo y entusiasta respuesta
Yo he dicho, por ejemplo, que nosotros trabajamos, primero para la República Argentina, después para el continente americano, y luego para los otros pueblos de la Tierra. Y lo he dicho porque eso es lo que quiere mi pueblo. ¿Si o no? - La muchedumbre contesta: ¡Sí!
Yo he dicho también, que los argentinos no pelearemos jamás fuera de la República Argentina, pero que el que se anime a poner un pie en nuestra tierra, cuando ponga el segundo, encontrará 18 millones de argentinos dispuestos a morir por la defensa total de nuestra Patria. Y yo lo he dicho porque eso, eso es lo que quiere mi pueblo. ¿Si o no? -¡Sí!.
Yo he dicho infinitas veces que estábamos en contra de todo imperialismo. Y ahora me alegro de que el presidente de los Estados Unidos, el general Eisenhower, condene con nosotros toda política internacional imperialista. Eso es lo que quiere el pueblo argentino para todos los pueblos de la tierra ¿Si o no? - ¡Sí!.
Yo he declarado también que no somos enemigos de ningún pueblo de la tierra, puesto que todos merecen nuestro respeto y pueden hacer lo que quieran dentro de sus fronteras. Y lo he dicho porque eso es lo que quiere el pueblo ¿Si o no?. - ¡Sí!.
¿Quiere o no el pueblo argentino que seamos amigos de todos los pueblos de la humanidad? ¿Si o no? - ¡Sí!.
¿Quiere o no quiere el pueblo argentino que ayudemos a que se realice la unión de todos los pueblos americanos? - ¡Sí!.
Por eso fui a Chile, y el pueblo chileno, con el inmenso cariño de su corazón, me hizo pensar que la República Argentina y el pueblo argentino tienen que cumplir con los designios del Gran Capitán, luchando incansablemente por la libertad americana. Por eso, a mi regreso de Chile, proclamé el decálogo de la unión entre los pueblos hermanos y este maravilloso pueblo argentino. ¿Es o no es lo que quiere el pueblo argentino? - ¡Sí!.
El pueblo del Paraguay merece nuestro cariño
Por eso fui también al Paraguay, y allí sentí palpar emocionado el corazón de América, interpretado por un gobierno humilde que sirve a un pueblo cuya humildad impone el respeto que merecen los grandes pueblos.
El pueblo de Paraguay merece nuestra más alta consideración y todo nuestro cariño. No ambiciona más de lo que posee y por eso no ha pedido nada a cambio de nuestra amistad leal y honrada. Por eso yo pido al pueblo argentino que cumpla con los paraguayos un decálogo similar al que nos une con el pueblo chileno por sobre las nieves eternas de los Andes, pese a los egoísmos mezquinos de los hombres mediocres que oponen sus intereses personales a los altos, eternos e irrevocables ideales de los pueblos.
En homenaje al pueblo paraguayo yo deseo reiterar en este día solemne de nuestra historia, el contenido sumario y sustancial de aquel decálogo y lo propongo al pueblo argentino como principio para la unión definitiva entre los paraguayos y los argentinos.
A continuación el Señor Presidente da lectura al Decálogo como “principio para la unión definitiva y eterna entre los pueblos paraguayo y argentino”:
1) Cada argentino debe saber que el pueblo paraguayo y el pueblo argentino, conservando la plenitud de sus soberanías nacionales, son real y efectivamente pueblos hermanos y, en consecuencia, todos los argentinos debemos trabajar por la grandeza del Paraguay y por la felicidad de su pueblo, con la misma fe y el mismo amor con que trabajamos por nuestra propia grandeza y por nuestra propia felicidad.
2) Desde hoy los paraguayos serán compatriotas de todos los argentinos. Esta debe ser una consigna de honor nacional.
3) Cada uno de nosotros debe comprometerse a trabajar en su puesto por el acercamiento espiritual y material de los pueblos paraguayos y argentino.
4) El gobierno, el Estado y el pueblo argentino arbitrarán todos los recursos y medios que ayuden al Paraguay a consolidar la Justicia Social, la Independencia económica y la Soberanía política, del mismo modo que luchamos por las nuestras, puesto que ellas son las únicas bases de la unión comprometida.
5) La unión del pueblo paraguayo con el pueblo argentino no excluye futuras adhesiones de ningún pueblo americano sobre las mismas bases. Cada argentino debe saber que ésta es una acción constructiva, que no tiene finalidades ofensivas, que no está dirigida contra nadie y que tiene como único objetivo la grandeza y felicidad de los pueblos que la componen o compongan en el futuro.
6) Las organizaciones sociales, económicas y políticas del pueblo argentino habrán de promover la máxima vinculación posible con sus similares del pueblo paraguayo, a fin de realizar una acción armónica y solidaria para alcanzar los grandes objetivos comunes. El gobierno argentino prestará su más amplio apoyo a estas vinculaciones entre los pueblos hermanos.
7) La legislación general argentina deberá contribuir a facilitar la unión de los pueblos paraguayo y argentino.
8) Los organismos del gobierno y del Estado nacionales, provinciales y territoriales, particularmente en las zonas limítrofes con la hermana República de Paraguay, coordinarán su acción con sus similares paraguayos sobre las bases de real y sincera lealtad.
9) Todo acto contrario a los grandes objetivos comunes e intereses de la unión entre el pueblo del Paraguay y el pueblo argentino será considerado por nosotros como una falta de honor en relación con el compromiso contraído.
10) El pueblo del Paraguay y el pueblo argentino son los depositarios absolutos de esta unión definitiva, que ponemos bajo la protección de Dios, fuente de todo amor y de toda Justicia, de toda libertad, pidiéndole humildemente que no sea jamás violada ni destruida por los malvados e hipócritas intereses egoístas y mezquinos, sino que, por el contrario, sea permanente y eterna como la humildad de nuestros pueblos.
Y ahora deseo transmitir a todos los compañeros de la Patria ese saludo afectuoso de todos los años, invitándolos a que me acompañen a dar estos vivas: ¡Viva la República de Nicaragua! ¡Viva el General Somoza! ¡Viva la República del Paraguay! ¡Viva la Patria!
JUAN DOMINGO PERÓN

lunes, 26 de junio de 2017

Hace 71 años Perón inauguraba período ordinario de sesiones en el Congreso




MENSAJE AL INAUGURAR EL PERIODO ORDINARIO DE SESIONES DEL HONORABLE CONGRESO NACIONAL 

 [26 de Junio de 1946]

Señores Senadores, Señores Diputados:
Este acto inaugural significa el retorno integral a la vida institucional del país. Volvernos a la normalidad institucional que todos anhelábamos para implantar con las fuerzas renovadas y renovadoras que me han ayu­dado, una era en la que la voluntad del pueblo, cuyos ideales ha definido tan claramente, determine el sentido futuro de la evolución legislativa que precisa el país, con objeto de encuadrar sus organismos e instituciones dentro de las tendencias, realidades y necesidades del momento presente.
Vamos a in­terpretar, cumplir y hacer cumplir la Constitución haciendo de ella esencia de nuestro propio ser. Si rompemos normas anquilosadas, si despreciamos corrup­telas, si emprendemos caminos hasta ahora ignotos, no será precisamente en desmedro de nuestra Carta Fundamental, sino por imperativo de un nuevo resurgir de sus sabios principios.
El paréntesis que representa el tiempo transcurrido desde la disolución del Parlamento, consecuencia del movimiento revolucionario del 4 de junio de 1943, habrá servido para que los hombres que por mandato también del pueblo ocupan este sagrado recinto, tanto los que me han seguido como los que me han combatido, inicien hoy, depurado su espíritu después de tanta lucha, el periodo normal legislativo con un solo ideal: el bien de la patria.
A unos y a otros como presidente de todos los argentinos, dirijo con mi salutación mis más fervientes votos para que el Altísimo nos ilumine y nos guíe en nuestra ardua tarea.
Señores Senadores,
Señores Diputados:
Dije no hace mucho en este mismo recinto que “el Poder Ejecutivo recababa para si la prioridad en las iniciativas legislativas para no dispersar esfuerzos en arbitrios fragmentarios que puedan entorpecer la consideración a fondo de problemas estrictamente vinculados entre si y cardinales para la economía de la Nación”.
Nos hallamos en el punto intermedio entre la exposición de doctrinas sus­tentadas con honradez y propaladas con pasión por todos los partidos que han ido noblemente a la lucha comicial y el momento de las realizaciones prácticas. El momento en que se pone a prueba el valor de los hombres y que se siente todo el peso de la responsabilidad. Es necesario, para que la labor sea fructífera, refrenar impulsos para evitar cambios bruscos en el imperio de la aplicación de la ley. El resultado será tanto mejor cuanto más firmes en la doctrina sepamos atemperarla a la evolución graduada que la aplicación de la mística de la revolución requiere para su eficacia.
Apelo al buen sentido del Honorable Congreso para que me preste ayuda en la consecución de un plan orgánico y práctico en la evolución legislativa.
Afortunadamente el país se halla en tiempos propicios. De vuestro saber y de las normas que establezca el Poder Ejecutivo depende que no se malogre el momento, que no se defrauden esperanzas.
En el orden interior nuestros extensos campos surcados por el arado; di­bujados por las filas inacabables de frutales y viñedos; o moteados de hacienda sobre la alfombra de sus ubérrimos pastos, rinden en abundancia, esperando sólo una mejor distribución de su riqueza potencial.
La industria y el comercio crecen y se perfeccionan, y si extirpando todo egoísmo, la suma de esfuerzos substituye la lucha de clases alcanzaremos el camino de la verdadera prosperidad.
Nuestras riquezas naturales, agua, bosques y minas no resisten su ocul­tación y aprovechamiento al esfuerzo de los técnicos y del Estado.
Las investigaciones científicas, las artes y las letras, retoñan y florecen de día en día, afianzando el prolifero patrimonio de nuestra civilización gre­colatina que nos fuera legada y de la que somos continuadores y esperanza de la sapiencia universal. .
En el orden exterior, nuestras exportaciones siguen el intenso ritmo que les impone su volumen. Naves nacionales y bajo pabellón extranjero, espar­cen el excedente de nuestra producción en América y en otros continentes.
En estos tiempos excepcionales ved al mundo entero puesta su esperanza con ansiedad en la Argentina; en su rica producción; en su proverbial gene­rosidad para que mitigue el hambre de tantos países que después de la trá­gica guerra se hallan en situación dantesca. Millones de seres esperan que la Argentina realice el sortilegio de mejorar su triste realidad.
La Argentina es para ellos lugar de promisión fuera de lo terrenal; le­gendario país de ensueño y abundancia. Hagamos que el nombre de nuestra patria quede para siempre consagrado y afiancemos nuestro prestigio ayu­dando en la medida de nuestra fuerza a quien nos necesite, pero hagámoslo sin jactancia ni snobismos y si ello representa sacrificios que jamás lo sean para nuestras masas indigentes; que nunca sea a costa del salario ni del pan de nadie. Que las bendiciones que por igual recibiremos todos los argentinos nos unan en el cumplimiento de nuestro deber, mutua comprensión y conde­na de toda egolatría y mezquindad.
La elocuencia y veracidad de las cifras abona cuanto he dicho. Reco­giendo los datos más importantes de las últimas investigaciones estadísticas, resulta que la situación del país es la siguiente:
1. La población excede de catorce millones y medio de habitantes.
2. La renta nacional alcanzó en 1945 a quince mil millones de pesos moneda nacional.
3. La ocupación excede de cinco millones de habitantes entre todas las actividades.
4. La producción en cereales, oleaginosas, frutas y hortalizas llegó en 1945, a más de quince millones de toneladas, correspondiendo nueve millones al consumo interno. En cultivos especiales: algodón, caña de azúcar, tabaco, yerba mate y uva, se cosecharon más de ocho millones de toneladas, casi todo destinado al consumo interno.
En carnes la producción alcanza a tres millones trescientos se­tenta y dos mil toneladas en peso vivo, correspondiendo al consumo interno la mayor parte, sesenta y nueve por ciento, y a la exporta­ción el treinta y uno por ciento.
5. El comercio exterior es favorable, la exportación excedió en 1945 de dos mil cuatrocientos ochenta millones, mientras que la importación cifraba mil ciento cincuenta millones dejando un saldo de más de mil trescientos treinta millones; a juzgar por las cifras registradas en lo que va del año actual, tanto la exportación como la importación se elevaron considerablemente. En este primer quinquenio de posguerra, se prevé que solamente para industrias y transportes, necesitaremos importar por más de mil millones anualmente.
Antes de entrar a detallar los planes legislativos del Poder Ejecutivo he de referirme a los cuerpos legislativos formados por los decretos leyes y de­cretos normativos dictados por el gobierno de facto, desde el 4 de junio de 1943 hasta mi asunción de la presidencia de la Nación.
El Poder Ejecutivo se halla en la tarea de estudiar, ordenar y adaptar dichos decretos, que serán enviados a vuestra honorabilidad, para que en el ejer­cicio de la facultad legislativa que os corresponde, el Honorable Congreso de­cida sobre la aprobación, modificación o derogación de los mismos.
Antes de seguir adelante y de entrar en la exposición del modo como el Poder Ejecutivo entren de que se debe orientar la política del gobierno reflejada en la legislación que se ha de interesar de vuestra honorabilidad, he de manifestar no ya el desagrado, ni mucho menos el enojo, sino simplemente la pe­na del gobierno al advertir la mala fe con que se quiere utilizar la situación financiera de la Nación con fines políticos.
Preténdese obstaculizar nuestra obra con comentarios tendenciosos que un día tras otro aparecen en las columnas de los periódicos. Recientemente se han formulado por miembros de vuestra honorabilidad unas peticiones de antecedentes sobre esta cuestión. Su derecho resulta indiscutible, y el examen del tema si se hace con imparcialidad y desapasionamiento habrá de resultar provechoso.
Para contribuir a esclarecer la situación, no tengo el mínimo inconvenien­te en declarar, que en el aspecto de las finanzas públicas, si la labor del gobierno de facto no fue todo lo eficaz que muchos deseábamos (y en cuyo logro puse no pocos de mis afanes), fue debido a diferencias de criterio que se suscitaron a través de sus tres años de actuación.
Posiblemente el designio de la Providencia me ha reservado la satisfacción de poder anunciar que en virtud de las medidas de gobierno ya adoptadas, se encuentra próximo el momento en que por primera vez el país no deberá al extranjero ni un solo centavo, con lo cual se cumplirá la afirmación hecha rei­teradamente en el sentido de que la República logrará la aspiración nacional de ser económicamente libre y políticamente soberana, Sin exageración podemos asegurar que en la historia argentina se abre una nueva etapa en el momento mismo en que no exista deuda externa, y la deuda flotante o consolidada sea de carácter interno. Entonces las decisiones superiores de sus gobernan­tes no podrán estar influidas por cuestiones foráneas.
Aspiramos a realizar el funcionamiento armónico de un Estado pobre dentro de una Nación rica, en contraposición con la situación anterior que era la de un Estado rico en una Nación pobre. Y es tal vez un aspecto interesante que para la eliminación de la deuda exterior aspiramos a que no sean aumen­tados los impuestos. Conseguido esto, podremos proclamar bien fuerte -y es ésa la satisfacción a que antes me he referido- que la Argentina dejará de ser una colonia en el aspecto económico.
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El respeto a la Constitución y el acatamiento a la voluntad de las provin­cias han quedado evidenciados en el primer cacto de carácter político realizado por mi gobierno, al devolver a la provincia de Santa Fe la plenitud de su autonomía.
El problema del régimen municipal aplicable a la ciudad de Buenos Aires es uno de los que más preocupación han producido al Poder Ejecutivo y es propósito del mismo encararlo seriamente para ver si es posible llegar a una solución duradera dentro de la órbita de los preceptos constitucionales.
Al asumir el mando el gobierno actual, se encontraba disuelto el Conce­jo Deliberante desde el año 1941. Hubiese sido un camino factible restablecer en materia municipal el régimen legal anterior a dicho año, convocando a elec­ciones para instaurar el pleno funcionamiento de la rama, deliberativa. Mas tal solución habría dificultado el estudio del problema. Y es ésa la razón de que el Poder Ejecutivo haya preferido mantener el estado actual del asunto, pro­metiendo que en un plazo prudencial traerá al Congreso el oportuno proyecto de ley. La carencia de un padrón municipal puesto al día, ha sido causa que se añada a la anterior para justificar el mantenimiento del actual estado de hecho. Igualmente, la depuración de los padrones municipales del interior, permitirá devolver a las comunas la integridad de sus derechos políticos.
En la organización del Estado moderno se ha demostrado por la experiencia del desarrollo de la ciencia estadística, la utilidad y necesidad de que el; país se conozca a sí mismo. Saber cuántos somos y quiénes somos es indispen­sable para el estudio y cálculo de toda posibilidad nacional en cualquier ren­glón de los múltiples que se hallan comprendidos en las obligaciones del Estado. Por ello mi gobierno ha decidido que las tareas estadísticas y censales se complementen con un registro nacional de las personas, con jurisdicción en todo el país.
Las viejas corruptelas políticas habían logrado incorporarse a la práctica de la mayoría de los partidos en su acción anterior a la revolución del 4 de junio.
El país entero reclamaba medidas purificadoras que colocaran a los partidos políticos a cubierto de la justificada desconfianza popular.
El Estatuto de los Partidos Políticos, tuvo ese sano y patriótico propósito; si lo ha logrado o no, queda librado al elevado criterio de vuestra honorabilidad que deberá considerarlo para asegurar un régimen que, respetando las convicciones democráticas de nuestro pueblo, sea a la vez, un ejemplo de corrección y honestidad cívicas.
Los territorios nacionales han de merecer especial atención de los poderes públicos, por la extensión de su población y por la riqueza que han creado merced al trabajo de sus habitantes. Para ello serán sometidos a la consideración de vuestra honorabilidad los correspondientes planes de obras públicas, ins­trucción, higiene y asistencia social, al mismo tiempo que se acelera el proceso previsto y no cumplido en la ley orgánica de territorios, hasta llegar paulatina­mente a la autonomía política de aquellas porciones del suelo argentino que deben formar parte del ejercicio pleno de nuestro sistema constitucional. Per­feccionamiento del Poder Ejecutivo local, régimen municipal y legislaturas, son las tres etapas que han de cumplirse previamente a la provincialización.
La creciente intervención de la mujer en las actividades sociales, econó­micas, culturales y de toda índole, la han acreditado para ocupar un lugar des­tacado en la acción cívica y política del país. La incorporación de la mujer a nuestra actividad política, con todos los derechos que hoy sólo se reconocen a los varones, será un indiscutible factor de perfeccionamiento de las costumbres cívicas. Oportunamente tendré el honor de elevar a la consideración de vues­tra honorabilidad, un proyecto de ley estableciendo el voto y demás derechos políticos para la mujer.
Carecemos de los edificios indispensables para ampliar el sistema sanita­rio. Mientras la población ha crecido en proporción geométrica, los estableci­mientos médicos y sus posibilidades han crecido sólo en proporción aritmética. Disponernos de 64.000 camas en todo el territorio, pero, de acuerdo con nuestra población, necesitamos 122.000.
De nada sirve tener grandes médicos y especialistas, si los beneficios de su ciencia no pueden llegar al pueblo por intermedio de organizaciones ade­cuadas.
No hay exceso de médicos. Una mala distribución -determinada por fac­tores geográficos y económicos- conduce a la concentración de profesionales en los centros urbanos. Por eso sobran médicos en la Capital y faltan en las provincias y territorios, donde diariamente se expiden certificados de ciuda­danos muertos sin atención profesional.
El Estado debe afrontar la asistencia médica integral en beneficio de aquellos que ganan menos. Será conveniente semisocializar la medicina respe­tando el libre ejercicio de la profesión y la libre elección del médico por el enfermo y fomentar, por otra parte, para las clases pudientes, el desarrollo del régimen asistencial privado. Para el desarrollo del sistema, es conveniente con­tar con el apoyo popular y de los vecindarios, siempre dispuestos a ofrecer su colaboración humanitaria.
Las ideas fundamentales que inspirarán la actuación del Poder Ejecutivo en materia de justicia, han sido expuestas recientemente ante vuestra honora­bilidad. El respeto al orden jurídico y al Poder Judicial no son incompatibles con la legislación que el gobierno promoverá para agilizar la actuación de los tribunales. Habrá de asegurarse también; mediante principios legales basados en razonables fundamentos objetivos, que los magistrados a quienes se ha encomendado la augusta función de juzgar, reúnan la plena idoneidad moral, física e intelectual que exige tan delicada tarea. Y esas medidas habrán de ex­tenderse también a los funcionarios auxiliares de la magistratura, estructuran­do el cuerpo de secretarios judiciales y el de oficiales de justicia y subalternos, dotándoles del grado de jerarquía que a cada cual corresponda, pero sujetán­dolos también a la máxima responsabilidad en el ejercicio de sus funciones.
Otros proyectos tendrán que ir encaminados a la reforma de los procedi­mientos civil y comercial, así como también de la justicia de paz letrada. En materia de procedimiento penal, la justicia federal y ordinaria de la Capital se encuentran a la zaga de la moderna técnica, que aconseja el juicio oral ante la justicia de derecho como con tanto éxito se realiza ya en algunas provincias.
Los tribunales del trabajo creados hace poco tiempo, no obstante advertirse su necesidad desde muy antiguo, y que en el poco tiempo que llevan de actuación han probado toda su eficacia en provecho de las clases trabajadoras, habrán de ser debidamente ensalzados, y sin perjuicio de la especialización de su jueces, tendrán que entrar plenamente a formar parte del Poder Judicial. Ocioso es decir que también será indispensable extender a todo el país el fun­cionamiento del fuero del trabajo, limitado hasta la fecha a la Capital Federal, Es absolutamente indispensable terminar en materia de litigios con esos procedimientos interminables que dilatan la resolución de las contiendas por espacio no ya de meses, sino de años.
El Estatuto Orgánico del Notariado, fundado en nuestra tradicional orga­nización y basado en nuestras costumbres, con ingreso al Registro Público me­diante pruebas de competencia e idoneidad que no otorga la simple obtención del título de escribano y un colegio notarial con severas atribuciones disciplinarias bajo la fiscalización del Poder .Judicial, debe dignificar y elevar la fun­ción de los guardadores de la fe pública y terminar con hechos bochornosos muy recientes que sólo han podido cometerse por falta de legislación ade­cuada.
La preocupación de cultura es tradicional en la Argentina y ha sido el afán de combatir el analfabetismo mediante una sólida y difundida enseñanza primaria, lo que principalmente, ha hecho grande la figura de Sarmiento. La piedra fundamental fue buena y por eso, a través de los años, lo único que ha habido que hacer ha sido una labor de perfeccionamiento y de adaptación de la enseñanza a las necesidades de los tiempos modernos. Con esa única finalidad mi gobierno ha mantenido la intervención del Consejo Nacional de Educación decretada por el gobierno anterior, hasta tanto se revisen las normas que hoy rigen y se le dé la ordenanza adecuada.
La enseñanza secundaria debe contemplar de modo muy especial todos aquellos conocimientos de sentido práctico que contribuyen a la formación profesional, desarrollando en gran escala las prácticas en huertas y granjas experimentales, y en talleres de todas clases dotados de elementos modernos. Urge que la enseñanza se encamine a formar obreros eficientes en todas las especialidades.
Pero posiblemente el problema de mayor trascendencia en materia do­cente es el universitario, respecto al cual y pese a todo lo que se diga, hay que tener el valor de señalar que es poco democrático. El hecho de que una institu­ción sea autónoma o autárquica no implica necesariamente que sea democrática porque son términos que no guardan relación. Como tampoco el carácter democrático se adquiere por la circunstancia de que la institución elija sus propias autoridades, pues si la elección se hace por y entre un círculo cerrado o entre una clase determinada, el sistema, lejos de ser democrático, resultará aristocrático, plutocrático, teocrático y en términos generales oligárquico.
El pueblo que gobernándose a sí mismo, constituye una democracia, ha de comprender a la totalidad de los ciudadanos; concepto incompatible con toda división. Así puede suceder lo que, con relación a la universidad, ha su­cedido: que pese a su autonomía y al derecho de elegir a sus autoridades ha demostrado su absoluta separación del pueblo y el más completo desconocimiento de sus necesidades y de sus aspiraciones. El divorcio entre autoridad y pueblo ha sido indudable y ha quedado probado en los comicios del 24 de febrero.
La incomprensión señalada tiene su origen en dos circunstancias. Es una la falta de acceso de las clases humildes a los estudios superiores universita­rios. Para entrar en la segunda enseñanza y en las facultades se necesita un mínimo de bienestar económico, y ello a su vez, por dos razones: porque los estudios son relativamente costosos y porque las familias modestas necesitan incrementar sus ingresos utilizando el trabajo de los menores apenas han lle­gado a la edad de los catorce años. Sobre este particular conviene salir al paso de, una idea muy difundida, muy equivocada y muy peligrosa para el de­bido enjuiciamiento del problema. Se dice que la universidad argentina tiene carácter popular porque muchos estudiantes, posiblemente un crecido porcen­taje, proceden de familias de origen modesto; pero se olvida que se trata de familias que si bien originariamente eran pobres, lograron por sus es­fuerzos o por circunstancias propicias, que antes se daban frecuentemente, levantar una fortuna más o menos grande. Y el resultado es que siempre los estudiantes (salvo contadas excepciones confirmatorias de la regla), son hijos de familias que desenvuelven su vida dentro de un ambiente cuando menos de pequeña burguesía. Trabajadores manuales o hijos de trabajadores manuales no llegan a las universidades, ni siquiera a la enseñanza secundaria.
Y es la segunda causa de oposición entre la universidad y el pueblo que una gran mayoría de los profesores, por razones de formación o de edad (tam­bién frecuentemente de posición económica), responden a un sentido reaccio­nario “que a veces trata de disfrazarse de avanzado”, y casi siempre conservan, con relación a cada momento presente el atraso correspondiente a la época en que iniciaron sus actividades docentes. Mientras tanto, el pueblo sigue marchando y defendiendo ideas nuevas. Si quienes gobiernan los centros de enseñanza no responden a ellos, no cabe decir que la institución sea democrática. A lo sumo se podrá decir que se gobierna a su misma, pero su gobierno será hostil al sentimiento mayoritario de la Nación. El rector o los consejeros que designe un Poder Ejecutivo libremente elegido por el pueblo responderán a la tendencia predominante, y en ese sentido será perfecta­mente democrático; en tanto que esas, mismas autoridades, aun elegidas por el propio claustro, pueden ser antidemocráticas, si la composición del claustro que los elige no representa el ideario de la masa ciudadana. Conozco bien la crítica a que se presta la tesis que defiendo, “pero tengo el convencimiento de que me asiste la razón y por eso repetidamente he dicho que hay que dejar de lado las formas puramente externas de las democracia, para sembrar las bases de una democracia sincera.
No quiero que mis palabras se interpreten como un propósito de destruir las autonomías universitarias. Francamente digo que mi política se orientará en ese sentido hasta el punto mismo en que no se oponga al sentimiento po­pular y a los intereses generales de la Nación.
Pero todavía la universidad argentina ofrece otra falla seria en el orden pedagógico y es la falta de dedicación del profesorado a la labor docente. La realidad es que el catedrático ni convive con el alumnado ni le sirve de guía u orientación; se limita, los días en que le corresponde dictar clase, si dar una conferencia que ni siquiera su audición es obligatoria para los estudiantes. El porcentaje de alumnos que concurren a la clase es, por su baja proporción, realmente vergonzoso, lo que por otra parte dice poco en favor de los profesores porque demuestra su falta de condiciones para dar interés a su disertación. En general, el profesor (médico, abogado, ingeniero, etcé­tera), dedica su actividad principal a aquellos trabajos particulares que le producen mejores rendimientos económicos, y sólo ofrece a la enseñanza sus residuos. Lo que los ingleses denominan full time debe ser la norma del profesorado universitario.
Por ello propugnaré ante vuestra honorabilidad una legislación universitaria que se asiente sobre estas bases:
a) Elección de las autoridades en tal forma que no representen un criterio de oposición con los anhelos populares;
b) Incompatibilidad de la cátedra con otras actividades, salvo los casos excepcionales de profesores extraordinarios de reputación reconocida;
e) Retribución adecuada para la dedicación total de los profesores a la enseñanza;
d) Selección escrupulosa del profesorado universitario mediante concurso oposición con pruebas públicas;
e) Obligatoriedad de asistencia a clase de los estudiantes regulares;
f) Gratuidad de la enseñanza universitaria;
g) Derecho de todo estudiante que haya obtenido un promedio elevado de calificación en la primera enseñanza para ingresar a la segunda;
h) Derecho de todo estudiante que haya obtenido un promedio ele­vado de calificación en la segunda enseñanza, para cursar estudios superiores;
i) Prohibición de ingreso en las enseñanzas superiores a quienes no hayan obtenido en la segunda enseñanza el promedio de ca­lificación que se fije;
j) Creación del número suficiente de becas de segunda enseñanza y universitarias para aquellos estudiantes pobres que se encuentren en las condiciones determinadas en los incisos g) y h) . Las becas habrán de bastar para costear las necesidades del becado y para resarcir en todo o en parte a la familia del perjuicio de la falta de trabajo retribuido del estudiante;
k) El sostenimiento de las becas no debe recaer exclusivamente sobre el Estado, sino que debe ser compartido por determinadas entidades, instituciones y empresas poderosas, y no con carácter voluntario, sino compulsivamente y a título de contribución.
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En cuanto a las relaciones de la Argentina con todas las demás naciones, nada tengo que añadir a lo manifestado en el mensaje leído ante vuestra ho­norabilidad con ocasión del juramento prestado al asumir el mando. Política de paz y de cumplimiento de los compromisos internacionales. Pero, como tengo el firme propósito de que todas mis palabras se conviertan en realida­des, habré de someter a la consideración del Honorable Congreso los tratados internacionales celebrados, para que sea el Poder Legislativo de la Nación quien determine, no sólo si se ajustan o no a los preceptos constitucionales, sino también si son convenientes a los intereses argentinos y merecedores por ello de ratificación.
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La labor que desarrolla y continuará realizando el ejército se fundamenta en un plan orgánico, de instrucción y de cultura profesional de sus cuadros que responde a la necesidad de satisfacer la suprema exigencia de la defensa del patrimonio de la Nación.
El instrumento que ha forjado la revolución para asegurar el mejor go­bierno, administración y preparación de la fuerza armada, lo constituye el decreto ley orgánica del ejército, puesta en práctica a partir del 19 de noviem­bre de 1944.
Sin entrar en mayores detalles, debe señalarse que el articulado de ese decreto asegura:
Una mejor utilización de los habitantes de la Nación en el moderno concepto de la organización del servicio de defensa nacional: la desaparición de odiosas e inmerecidas diferencias en el establecimiento de la contribución pa­triótica que constituye el servicio militar; la preparación de cuadros de re­serva calificados; un régimen de excepciones a las obligaciones militares; un reclutamiento del personal militar de carrera capacitado para el manejo de elementos modernos de lucha; acceso por rigurosa selección y aquilatamiento de la idoneidad y finalmente la eliminación de los que perdieron la voluntad de sacrificio o no supieron mantener la línea de conducta y perfeccionamiento constante que la institución exige.
En los años pasados, el ejército ha debido experimentar un brusco cre­cimiento por imperativo de la hora crucial que el mundo vivió, pero ahora que parece encaminarse hacia un clima de paz y concordia, se reducirá al mínimo indispensable el número del contingente de ciudadanos a incorporar anualmente, manteniendo bajo bandera los efectivos necesarios que imponga la defensa del país, en concordancia con su potencialidad y también para res­ponder a las exigencias de la defensa del continente americano, de acuerdo con las obligaciones que se derivan de los compromisos internacionales subs­critos o que subscriba el país. En el mejoramiento del material de guerra se seguirá atentamente la evolución del problema de standardización que la Junta Interamericana de Defensa, recomienda introducir en el continente.
Dada la importancia que representa la capacidad industrial para dotar al ejercito de elementos combativos, la Dirección General de Fabricaciones Militares continuará asegurando su normal desarrollo, creando al mismo tiem­po fuente de trabajo y de riquezas que se acrecentarán cuando el Honorable Congreso de la Nación sancione el plan siderúrgico que será sometido a su consideración.
Se dedicará especial atención al aspecto de la instrucción profesional del ejército y sus cuadros, mediante perfeccionamiento de los estudios que rea­lizan distintos institutos militares y el envío de oficiales al extranjero para que perfeccionen sus conocimientos.
El año militar terminará con ejercicios finales y grandes maniobras donde la tropa se ejercitará con la dureza de la vida militar y los cuadros de mando se familiarizarán con las condiciones más aproximadas a las fatigas físicas e intelectuales que la guerra impone.
Las construcciones militares serán intensificadas para asegurar el mejor índice sanitario de la tropa, principalmente en las regiones donde la dureza del clima lo exige en forma imperativa.
Se ha procurado establecer unidades en regiones donde ello representa la consecución de un fin de orden social y económico, imponiéndose en mu­chos casos la construcción de barrios militares para oficiales y suboficiales que se irán completando en el futuro.
Es firme propósito del Poder Ejecutivo afianzar cada día más la disciplina del ejército, mediante el libre juego de las prescripciones legales y reglamen­tarias que rigen sus actividades, e intensificar la autoridad y atribuciones del comando y la dedicación absoluta de los miembros del ejército a la función específica a la institución evitando toda injerencia extraña.
Finalmente, no puedo terminar la referencia a los propósitos relaciona­dos con el ramo de guerra sin referirme al acto de justicia que me propongo realizar; sometiendo a vuestra honorabilidad la modificación del artículo 29 de la ley 8.871 en cuanto excluye del padrón electoral a los cabos y sargentos del ejército, de la armada y de la policía. En cualquier supuesto, la demo­cracia manifestada electoralmente constituye un atributo de soberanía y debe ser ejercida por todos los ciudadanos libres, ya que la disciplina militar no es contraria a la libertad de pensamiento, ni a la libertad política y religiosa de sus componentes que son entraña del pueblo y les afectan los problemas generales de las naciones lo mismo que a todos sus compatriotas. La mejor prueba está en que hace pocos meses, una nación de Europa ha hecho sufragar a los soldados que se encontraban sometidos a la férrea disciplina militar en los países de ocupación.
La marina cumplirá fielmente los objetivos fundamentales trazados por nuestra política naval que consiste y ha consistido siempre en el desarrollo y protección de les intereses argentinos en el mar. La grandeza de la Repú­blica se halla íntimamente vinculada a la importancia del intercambio co­mercial y éste vive y prospera en gran parte gracias a las actividades marí­timas. De ahí que la doble misión de desarrollar y proteger nuestros intereses marítimos, define claramente los dos grandes objetivos de la armada: el fo­mento de nuestra flota mercante y el mantenimiento de una marina de guerra suficientemente preparada para proveer la defensa marítima del país.
La constitución de la flota mercante ha podido salvar últimamente la situación creada por la falta de bodegas. El Poder Ejecutivo prestará prefe­rente y señalada atención a los problemas que merecen y afectan a nuestra joven y ya tan prestigiosa flota mercante.
En la preparación de los planes para la renovación de las unidades navales y aeronavales que deben ser eliminadas, es necesario un compás de espera a causa del periodo que vivimos de rápida evolución en el diseño y empleo del nuevo material de guerra, pero por compromisos nacionales e internacionales derivados de la adhesión a la Carta de las Naciones Unidas, hemos de abordar esos problemas para contribuir en la medida de nuestras posibilidades al mantenimiento de la paz mundial. Mientras se completan los planes de reno­vación, el personal de la armada no deberá perder el contacto con el mar, razón por la cual las fuerzas navales y aeronavales mantendrán su ritmo ha­bitual con el fin de poseer tripulaciones bien adiestradas y con experiencia, que irán amoldándose a nuevos planes de instrucción y adiestramiento exigidos por las modalidades de la guerra naval de estos tiempos. Serán sometidos a la consideración de vuestra honorabilidad los decretos leyes orgánicos para el personal de la marina de guerra y oportunamente se os propondrán las modificaciones que la práctica sugiera, El actual sistema de reclutamiento sólo requiere reajuste de detalles, dado que la experiencia ha demostrado la bondad del método para la formación de sus dotaciones.
Se contribuirá en la medida de las posibilidades al mantenimiento de institutos y laboratorios y fomento de la investigación científica y la forma­ción de profesionales útiles para la marina, como ya se ha hecho en Ingeniería Naval, Explosivos, Metalografía y Radiocomunicaciones. Será intensificada la acción de la división Obra Social, organismo creado para propender al bien­estar moral y material del personal y su familia. Se encararán dentro de la estructura orgánica de la marina de guerra, los problemas relacionados con la logística y la forma de coordinarlos con la economía general de la Nación. Se ampliarán las instalaciones de nuestras bases navales y aeronavales, en la medida necesaria, conforme lo requiera la conducción de las operaciones militares, estudiándose el desarrollo de las bases navales mediante planes relacionados con los principios sustentados por el órgano de la Unión Panameri­cana encargada de lo estudios relativos a la defensa continental.
La orientación orgánica de este departamento tendera a precisar cada vez más el reconocimiento de los dos grandes grupos constitutivos de su or­ganización: el primero de ellos, de carácter netamente naval-militar, agrupará las fuerzas encargadas de la defensa nacional; el segundo, de carácter civil marítimo, comprenderá a aquellos organismos que, como la Prefectura Gene­ral Marítima y la Dirección Nacional de la Marina Mercante, tienen injeren­cia en el desenvolvimiento de las actividades relacionadas con la navegación y comercio a través del mar.
La administración de los servicios seguirá inspirándose en las normas que constituyen una de las tradiciones de la marina. Consciente del esfuerzo y sa­crificio que demanda al país el mantenimiento de esta rama de la defensa nacional, no se omitirá esfuerzo alguno para asegurar el fiel, estricto y severo cumplimiento de las disposiciones legales y de carácter circunstancial que se impartan para su sostenimiento y evolución.
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El decreto 268, del 4 de enero de 1945, creando la Secretaria de Aeronáu­tica, dota al Poder Ejecutivo de un organismo ágil y eficiente para gobernar y orientar la actividad aeronáutica en sus aspectos más diversos. La actividad militar de la aeronáutica no podría tal vez subsistir si no se estableciese una coordinación entre sus exigencias y las posibilidades aeronáuticas civiles del país y la explotación de las comunicaciones por aire en el orden nacional e internacional, armonizando la iniciativa particular y el patrocinio del Estado cuando sea conveniente.
La orientación del gobierno sobre los distintos, problemas aeronáuticos ha sido fijada en forma general pero precisa y completa en el decreto 9. 358 del 27 de abril de 1945, y el cumplimiento de aquellos propósitos que han tenido principio de ejecución será totalmente satisfecho a medida que lo permitan los recursos económicos que vuestra honorabilidad atribuya para el cumplimiento de los planes preparados, entre los que asumen especial importancia el destinado a construcciones.
Es fundamental obra de gobierno dotar al país de comunicaciones efi­cientes que vinculen las regiones diversas de la patria y que posibiliten el intercambio de sus riquezas y de sus hombres. Sin embargo, para que las comunicaciones por aire, cuya eficacia es innegable para el cumplimiento de aquellos propósitos, puedan efectivamente desarrollarse, es necesario ejecutar un vasto plan de construcción de aeródromos en toda la República.
Tiene también la aeronáutica un papel preponderante en la defensa na­cional. En la permanente superación de los medios de combate, la aviación se ha consagrado como uno de los más activos y enérgicos en la pasada confla­gración mundial y su desarrollo orgánico múltiple y, especializado, con carac­terísticas técnicas particulares, le han dado jerarquía de fuerza fundamental en el cuadro general de las fuerzas armadas del Estado.
Por eso es que es necesario atender las señaladas características en cuan­to a su personal se refiere, por medio de una ley orgánica que, a la par de contemplar las particularidades del servicio de la oficialidad del aire, actualice la situación de los componentes de sus cuadros, conforme a las caracterís­ticas de las misiones que impone la guerra aérea.
Con ello habrá correspondido a vuestra honorabilidad el alto prestigio de contribuir a la debida organización de las instituciones armadas de la patria, unidad indestructible de las fuerzas del aire, la tierra y el mar, en su misión sagrada de defender su soberanía y contemplando a su vez su fisonomía es­pecial determinada por el medio de su actuación y el riesgo de sus funciones.
Quedan así expresados los propósitos del Poder Ejecutivo sobre este as­pecto de la actividad nacional, tanto en el orden civil, como en el militar y con ello mi convencimiento sobre su importancia, que espero vuestra honorabili­dad ha de compartir, prestándole en toda hora el apoyo que merece a los pro­yectos que han de presentarse sobre materia aeronáutica.
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Dentro de la concepción del Estado moderno ya nadie cree que la riqueza y potencia de un país estén representadas por su stock de oro o sus depósitos.
La riqueza de un país depende de su potencial humano con su grado de or­ganización, su espíritu de iniciativa y su trabajo; de la extensión y fertilidad de su suelo; de su producción y reserva de materias primas y energía; de sus plantas industriales; de su tecnicismo y del desarrollo de su investigación téc­nico científica; de su red vial y elementos de transportes que faciliten la distribución fácil y el comercio sano y honesto; de una buena organización de crédito y finanzas que dé agilidad al sistema; y, finalmente, de la armonía y solidaridad social.
Dentro del grupo de ideas expuestas y. teniendo presente el grado de im­portancia de cada punto mencionado, la economía nacional debe basarse en que el Estado controle los fundamentos de aquélla, quedando a la iniciativa privada, a veces en colaboración o forma mixta con el Estado, o exclusiva­mente por su cuenta, el desarrollo de la producción y la manufactura de los artículos.
La economía en definitiva alcanza el extenso ciclo que parte de la pro­ducción hasta el consumo. Debe preocuparse de obtener no sólo lo necesario para atender las necesidades del momento, sino también para que, constitu­yendo las reservas prudentes de cada rama, esté asegurada la atención de las necesidades del futuro sin alterar el normal desenvolvimiento de la vida del país. Por ello, mi preocupación desde el momento que fui llevado a la difícil función de gobierno fue el estudio de los problemas sociales tan íntimamente ligados a la economía y de los que dimanan de ésta, centralizando la prepara­ción de la labor en el Consejo Nacional de Posguerra que elaboró las bases de estudios que a grandes rasgos debo exponer a vuestra honorabilidad como futuro desarrollo de la obra de mi gobierno en el orden económico. .
En primer lugar y como elemento básico, porque él constituye la Nación, hemos de contemplar el elemento humano. Fomentar y proteger en todos sus aspectos a la familia como célula básica de la sociedad, no olvidando que so­mos un país poco habitado en relación a su gran extensión y que se nos presenta el problema, sin resolver aún, de encauzar la inmigración, intensificándola lo más posible con elementos sanos y afines a nuestra cultura y a las bases de nuestra estructura social. No escapa tampoco a los planes del gobierno la elevación del nivel moral y material del elemento indígena. La denatalidad debe ser preocupación de mi gobierno, que ha de tomar cuantas medidas tiendan a que el aumento vegetativo de la población sea el que le corresponde.
No hace mucho días tuve ocasión, en un momento solemne, de exponer en este mismo lugar que la tierra no es un bien de renta sino un bien de trabajo. Consecuente con esta afirmación se están preparando los medios para facilitar la propiedad de las tierras para aquellos que las trabajan venciendo los peli­gros que acechan al pequeño propietario o al que desea serlo, como son: la dificultad de reunir el dinero, el alto precio de los campos, los créditos inadecua­dos, el peligro de pérdida de la propiedad por mala cosecha o precios bajos. Es preciso, al igual que se hizo en Estados Unidos, estabilizar el control de pre­cios y de terrenos arables, para procurar precios justos al agricultor, tanto ad­quirir en propiedad como para arrendar a bajo precio, cuyo plan se completa con la concesión de préstamos a bajo interés.
Es necesario establecer también un programa de fomento rural elevando el standard de vida de esa población, coordinando sus actividades mediante el mutualismo y la cooperación y complementando sus tareas con pequeñas industrias apropiadas. Una amplia organización de cooperativas de productores en forma federada con el fin de proceder en colaboración con el Estado, asegu­rará la colocación en el mercado de los productos obtenidos.
Es también necesario un plan general en base a principios de carácter téc­nico, económico y social para orientar la producción agropecuaria, consideran­do especialmente la repoblación forestal, el racional aprovechamiento de los bosques y el fomento de la producción de materias primas que sean industria­lizables en el país.
Debe intensificarse la instalación y difusión de laboratorios técnicos, en lo posible, adjuntos a los principales centros mutualistas o cooperativas para que, en colaboración y bajo la supervisión de organismos del Estado, procedan a realizar investigaciones técnicas y facilitar a las cooperativas o particulares rurales orientaciones y consejos apropiados.
Pero eso no es todo; hay que sistematizar normas y procedimientos para concentrar, almacenar, distribuir y absorber los excedentes; fomentar la elec­trificación rural; dotar al país de una ley de conservación de los suelos; pla­near y proceder a la colonización de regiones inexplotadas y establecer un régimen general de explotación de bosques.
En este renglón como en los demás que afectan a la economía de la Na­ción, no es mi propósito que la acción oficial limite la libre iniciativa indivi­dual ni la libre actuación del capital privado, si éste respeta la libertad de los demás y no trata de erigirse en instrumento de dominación económica.
He dicho también a vuestra honorabilidad y no, creo que nadie deje de compartir mi afirmación, que es necesario abordar la utilización de los recur­sos naturales que la Providencia nos ha prodigado, pero ante todo hemos de conocer cuál es la importancia de esa energía disponible. Un organismo espe­cífico del Estado debe inventariar los recursos energéticos para abordar el es­tudio de su utilización integral como cimiento de la estructura social s económica.
Estima el Poder Ejecutivo que el desenvolvimiento de nuestra economía está supeditado a la racional utilización de los recursos energéticos aun in­explotados y, en particular, de los hidráulicos, única fuente de energía que se renueva a sí misma y que de no ser utilizada se pierde para siempre. Agua, energía, defensa contra las inundaciones y regulación fluvial, con factores de riqueza y bienestar social, básicos para el arraigo de población, cultivos e in­dustrias en nuestro pródigo suelo. La premura por subsanar nuestra dependen­cia del exterior en orden al aprovechamiento de combustibles industriales, no debe relegar a plano secundario la vital necesidad de crear zonas de regadío, donde el factor climático lo aconseje, pues como nuestra historia demuestra, las obras de riego crean riqueza general, medida tanto en valores monetarios co­mo en imponderables sociales.
En atención a estas consideraciones, los aprovechamientos hidráulicos de­ben ser encarados no sólo con un criterio que enfoque íntegra y simultánea­mente las distintas necesidades a cuya satisfacción pueden contribuir según un racional orden de prioridad, sino también en orgánica correlación con la pro­pulsión integral del desenvolvimiento económico de cada región del país, con el fin de evitar la improductividad a que se han visto condenadas costosas obras públicas por haberse omitido adoptar, con visión de conjunto y previsión adecuada, las medidas necesarias para el empleo más racional del agua y de la energía habilitada por dichas obras.
La utilización de nuestro potencial hidroeléctrico es elemento básico del plan nacional de electrificación cuya elaboración se ha encarado y a cuya revisión y complemento oportunamente se abocará el Poder Ejecutivo. En la financiación del mismo deberá contemplarse la necesidad de no recargar in­debidamente el precio de los combustibles de producción nacional o importa­dos, por la sensible incidencia del mismo en el costo de la vida. Reviste aná­loga importancia la articulación práctica de la política de federalización de los servicios de electricidad, condicionada en los hechos a la solución' de los pro­blemas de orden jurisdiccional que aquélla plantea. En este orden ele ideas me­rece destacarse la conveniencia do adoptar medidas tendientes a concretar, en beneficio de los populosos alrededores de la Capital Federal, el concepto del gran Buenos Aires. En el marco definido por las orientaciones precedentes y las soluciones que se arbitren a las cuestiones aludidas, adoptará el Poder Ejecutivo las medidas que estime pertinentes en relación a los servicios eléctri­cos de la Capital Federal, el estudio de cuyos aspectos técnico económicos, so­bre la base de las investigaciones dispuestas por decreto 4.910 de fecha agos­to 6 de 1943, ha sido iniciada a los efectos y por los organismos previstos por el decreto 15.945 del 1º de junio actual.
Tradicional y dogmáticamente, nuestra política económica descansó en la convicción de que el Estado debía rehuir toda participación en el ejercicio de actividades industriales. La experiencia ha demostrado, sin embargo, la impo­sibilidad de que economías jóvenes y vigorosas como la nuestra, aguarden pacientemente a que la iniciativa privada alcance la debida madurez o que, sin adoptar adecuados resguardos, se le confíen actividades o riquezas vincu­ladas a soberanos intereses. Al evidente progreso de la eficiencia del Estado como gestor industrial debe sumarse el progresivo incremento del ahorro na­cional y de la calidad e iniciativa de nuestros empresarios; ni aquél ni éstos son, en la actualidad, tan modestos como inveteradamente se creía.
Si esta madurez en las posibilidades se completa con un sentido de equi­librio en las realizaciones, no sólo podremos ver satisfecha nuestra añeja aspiración de, recabar, para nosotros mismos, el pleno comando sobre los resortes de nuestro desenvolvimiento económico, sino lograrlo sin caer en enfermizas exageraciones ni dislocar el delicado mecanismo de las relaciones económicas.
La argentinización de nuestra economía, que constituye un fin en sí misma requiere la ayuda máxima que pueda proporcionar tanto el principio de la empresa privada como el principio de la organización colectiva; tanto la libre iniciativa individual como la capacidad organizadora del propio Estado. Debe evitarse la recíproca neutralización de ambos principios y debemos esforzar­nos para conseguir que en el marco definido por la estructura y psicología de nuestro medio rindan su máximo potencial, a cuyo fin resulta imperativo buscar con realismo soluciones flexibles y descartar excluyentes dogmatismos.
Con claridad que disipe toda duda al respecto dejo constancia de que la sensibilidad argentina, predispuesta a toda leal cooperación con capitales y técnicos: extranjeros, ve con sinsabor que en su propia casa subsisten islotes cerrados al ahorro nacional y al técnico argentino. Por lo mismo que abrimos nuestras puertas a todas las colaboraciones, no estamos dispuestos a consentir que empresas foráneas sólo entreabran la puerta de servicio a la colaboración argentina, sin dar pruebas de efectivo arraigo ni de verdadero respeto a nuestra soberanía.
En el caso particular de las empresas de servicios públicos la general adhesión a la política de recuperación, incluso de los adversarios de ampliar el dominio y funciones del listado, es neto exponente de un sincero sentimiento de plenitud nacional que a nadie puede herir ni sorprender. Durante la substan­ciación de ese proceso de recuperación y mientras el mismo se consuma, habrá que someter tanto los contratos existentes como las actividades de aquellas empresas, a una depuración, ordenamiento y contralor que, además de garan­tizar beneficios concretos a la población y evitar utilidades desmedidas, facilite el acceso en plano de igualdad, cuando no de predominio, a hombres e intereses argentinos y asegure, además, la defensa de los altos intereses del Estado.
En los estudios realizados en el Consejo Nacional de Posguerra, quedó sentado que la industrialización representa:
a) Independencia económica;
b) Independencia política;
c) Equilibrio económico;
d) Intensificación del trabajo;
e) Mejor formación profesional;
f) Mejores retribuciones.
Por lo tanto, para ostentar con orgullo el estado de mayoría de edad que representa la industrialización de un país, debemos proteger y fomentar la industria sana y útil, base de trabajo, de, producción y escuela de prácticos y técnicos; facilitar el desarrollo de las actividades productivas industriales y co­merciales ; implantar una clasificación adecuada procurando la centralización del control, con el establecimiento de institutos nacionales de investigación para cada rama específica, sistematizando el estudio de los problemas que se presen­tan para resolverlos de manera rápida y práctica; fomentar el establecimiento de industrias protegiendo especialmente él las que elaboren materias primas nacionales; fomentar industrias locales en zonas áridas y semidesiertas; coor­dinar la producción industrial entre sí y con un vasto plan de obras públicas; sistematizar los cálculos de los costos; aligerar las cargas fiscales en las em­presas que se inician, recargando los impuestos cuando se hayan consolidado.
Preferente atención han de merecer los problemas relacionados con el tra­bajo y con la previsión. Ni puedo ni quiero olvidar que fueron mis inquietudes sociales las que me impulsaron a desviarme de mi trayectoria militar para intervenir activamente en la política de mi país. Como tampoco de mi mente se borrará jamás el recuerdo de que fueron aquellas inquietudes las que supo valorar el pueblo y las que le impulsaron a elevarme a la presidencia de la Nación. Por eso deseo afirmar ante el Honorable Congreso, cuyos miembros constituyen la legítima representación de la ciudadanía argentina, que se equi­vocan cuando no pequen de malicia, quienes andan propalando la posibilidad de un retroceso en materia de política obrera. Ni retroceso ni estancamiento. El avance en la legislación social ha de constituir a través de los años que dure mi presidencia, una de las normas fundamentales de la política gubernamental.
Pero la actividad de gobierno más interesante que se pueda realizar en estos momentos y con respecto a la legislación de trabajo, es la de sistema­tizar, ordenar, pulir y mejorar cuantas disposiciones rigen en la materia, dando a todas ellas un sentido armónico y haciendo que formen (ya que no un código porque eso ofrece ciertas dificultades en materia de trabajo), un cuerpo de doctrina principalmente encaminado a estabilizar las conquistas logradas por los trabajadores. A esa finalidad primordial habrán de encaminarse los esfuerzos del Poder Ejecutivo, que oportunamente presentará al Honorable Congreso el proyecto de ley que estime necesario. Claro es que al realizarse esta labor de sistematización y de estabilización de derechos, habrá que perfeccionar algunos puntos débiles y aun abordar problemas de verdadera importancia, a los que en ocasiones anteriores me he referido.
El mundo atraviesa momentos difíciles y todos los argentinos, por senti­miento patriótico, han de esforzarse en mantener el nivel de producción que se necesita entre otras razones para combatir la carestía de la vida. Los obreros saben bien que el poder público no sólo no le es hostil, sino que se preocupa de sus derechos, las actividades violentas o de rebeldía a nada conducen porque sus reivindicaciones quedan mejor y más rápidamente atendidas por las vías de la legalidad. La idea que inspira mis conceptos, podría resumirse en estas pa­labras: disciplina en el trabajo, pero disciplina en ambas partes; respeto del empleado a los derechos del empleador y respeto también del empleador hacia los derechos del empleado.
Si además de esa norma encaminada a resolver los conflictos de derechos se intensifica la celebración de contratos colectivos de condiciones de trabajo, como medio de solucionar los conflictos de intereses, y se imponen ya concilia­ción y el arbitraje obligatorios, se habrá dado un gran paso para mantener la buena relación entre las partes.
En una alocución reciente dirigida a la opinión pública he expuesto mi criterio en cuanto a la política de salarios. Puedo añadir ahora que ella tiene un doble objetivo. La retribución ha de ser suficiente para cubrir el nivel de vida de los trabajadores, entendiéndose por nivel de vida el conjunto de bienes consumidos y servicios utilizados efectivamente por el grupo familiar de que se trate, y por otra parte se ha de tender a elevar ese nivel de vida hasta ha­cerle alcanzar un standard decoroso. Es posible que algunos piensen que el primer objetivo de los dos enunciados no tiene sentido; pero fácilmente saldrán de su error si consideran que conforme a la última estadística elaborada por el Consejo Nacional de Posguerra, corroboradora de otras anteriores realizadas por el Departamento Nacional del Trabajo, la familia obrera no sólo tiene un nivel de vida bajísimo, sino que carece de ingresos para cubrirlos y ha de liquidar mensualmente el presupuesto con un elevado déficit. A evitar esa si­tuación ha ido encaminada la política de salarios que he defendido, procurando siempre conseguir que los salarios se hayan elevado en igual proporción que el costo de la vida. Respondiendo a esta idea he pedido a los industriales y co­merciantes el abaratamiento de los precios, dándoles un plazo de sesenta días, de los cuales ya van algunos corridos; pero he anunciado también que si este medio persuasivo no diese resultado, al vencer el término, iría a la congelación de precios y a la elevación de las retribuciones en un porcentaje equivalente.
Otro tema de interés que habrá de ser tenido en cuenta cuando se pro­ceda a la regulación definitiva de las normas del trabajo, es el referente a la duración del mismo. Sobre este particular no cabe otra cosa que seguir la co­rriente universal. Ni sería posible que la duración del trabajo en la Argentina fuese superior a la del resto de las naciones, ni tampoco conviene que sea inferior porque eso repercute en la competencia de producción, tanto para el mercado interno como para el externo. Deseo con esto señalar que si ahora la jornada que predomina (fuera de la correspondiente a los trabajos nocturnos o insalubres) es de ocho horas, ésa habrá de ser la nuestra; pero si, como ya se apunta en muchas partes, se redujese la duración diaria o semanal del tra­bajo en otras naciones, basándose tal medida en conceptos científicos y eco­nómicos, esa misma norma habremos de adoptar en beneficio de los trabaja­dores y en provecho de la producción.
Tampoco cabría hablar de problemas de trabajo sin hacer una alusión a las aspiraciones del gobierno en materia de previsión social. Dentro del cri­terio imperante en la República Argentina, es mucho lo que se ha hecho sobre estas cuestiones. En él periodo de tres años se ha extendido enormemente el campo de aplicación de las cajas jubilatorias y se ha realizado algo tan im­portante como la creación del Instituto Nacional de Previsión. De todos modos el camino a recorrer es largo y no podrá decirse que se han llenado las nece­sidades de la colectividad mientras no se encuentren los trabajadores a cu­bierto de todos aquellos riesgos que atentan contra las posibilidades de trabajo y que no son sólo la vejez, la invalidez, la maternidad, la enfermedad o los accidentes. La enfermedad no profesional y la desocupación involuntaria han de merecer especial consideración del poder público. La envergadura del asunto impide la fijación de plazos para su desarrollo. El interés del Poder Ejecutivo sobre estas cuestiones y la capacidad de los organismos técnicos que puedan colaborar en su estudio e implantación, constituyen garantía suficien­te de que han de ser abordadas y de que en el plazo más breve posible la ar­gentina estará, en punto a previsión social, a la misma altura que los países más adelantados en la materia.
Finalmente, y en relación con las necesidades de las clases modestas, se ha de resolver con criterio justo y eficaz el problema no ya grave, sino pavo­roso de la vivienda. No sólo la capacidad de habitación de las grandes ciuda­des es notoriamente insuficiente y repercute en el elevado costo de los alqui­leres, sino que la población vive en forma absolutamente inadmisible. El hacinamiento y la promiscuidad ofrecen caracteres alarmantes, con influencia perniciosa en el aspecto sanitario y en el aspecto ético. Naturalmente que la solución no puede recaer integralmente sobre el Estado, sino que requiere otra serie de colaboraciones y de arbitrios principalmente encaminados al aumento de capacidad de habitación. El simple juego de la oferta y la deman­da, procurando que aquélla sea superior a ésta, ha de resolver gran parte del problema, por lo cual me atrevo a decir que no se puede proceder con un cri­terio unilateral, sino con sentimiento multiforme.
Se debe fomentar la edificación de viviendas de todas clases, lo que no ha de ser difícil porque la propiedad inmobiliaria es considerada como la in­versión de dinero más segura. Uno de los medios de fomento, que siempre ha dado resultado, ha sido la reducción o la exención de impuestos por un nú­mero de años a quienes edifiquen en determinadas zonas y con ciertas condi­ciones.
Otro punto de interés, con vistas ya a la vivienda popular, sería la promulgaciónn de una ley que autorizase al Poder Ejecutivo y a los gobiernos provinciales no solo a prohibir el arrendamiento de viviendas que no reúnan las condiciones necesarias de capacidad y de higiene sino a imponer multas y conceder plazos para que los propietarios realicen las refacciones necesarias con la conminación de que transcurrido el plazo las llevará a cabo el Estado por cuenta del propietario. La aplicación de esta norma se tiene que realizar con la necesaria cautela a fin de evitar que queden en la calle, sin lugar donde instalarse, las familias que vivan en las casas objeto de refección.
Se ha de promulgar también una ley que obligue a todos los propietarios de explotaciones industriales, agrícolas, forestales o pecuarias, situadas a más de determinada distancia de un núcleo urbano, a proporcionar vivienda en las condiciones previamente determinadas a todos los trabajadores. Claro es­ que esta norma se ha de referir a las explotaciones con suficiente capacidad económica.
Coordinar la actuación de la Administración Nacional de la Vivienda con el Banco Hipotecario Nacional y las diversas cajas de jubilaciones que inte­gran el Instituto Nacional de Previsión, a fin de que como medio de inversión de reservas tracen planes de préstamos para la construcción de barriadas de casas baratas, es otro de los objetivos que han de ser alcanzados; así como también el fomento del préstamo para la propiedad horizontal entre determi­nadas clases de trabajadores. Aun cuando esta forma de propiedad es resistida en la Argentina, tiene grandes ventajas y en todas partes se desarrolla con absoluta normalidad, sobre todo si los beneficiarios se constituyen en coope­rativa. En tal sentido se impone la modificación del artículo 2.617 del Código Civil.
Fomentar, dentro de las normas legales y ordenanzas municipales, la construcción directa y personal de las viviendas de los obreros. Esta modali­dad del trabajo familiar, puede ser encauzada y orientada por las autoridades competentes, poniendo gratuitamente a disposición de los interesados, planos y consejos técnicos que las hagan más higiénicas y estéticas.
El gobierno, preocupado por dar soluciones razonables y permanentes que faciliten a las clases modestas la adquisición de tierras para trabajar y de viviendas limpias para vivir, ha comenzado por modificar el régimen fi­nanciero de las operaciones hipotecarias. Ha retirado de la circulación la cé­dula del 4 %, y ha emitido un nuevo papel, del 2 ½ %, de valor efectivo, porque se rescata a la par, y con todas las garantías que tenía la cédula más la del propio Banco Central. De este modo, el capital que se recoja para hacer préstamos hipotecarios, costará más barato y los préstamos podrán hacerse a un interés menor. En lo sucesivo, el Banco Central proporcionará al Banco Hipotecario Nacional y a otras instituciones, los fondos que necesiten para hacer préstamos hipotecarios, cobrándoles por este servicio solamente el 2,80 % de interés. Cuando las instituciones hipotecarias hagan préstamos destinados a comprar con facilidades la tierra del colono o la vivienda del obrero y del empleado modesto, podrán otorgarlos con intereses sumamente bajos que no signifiquen, como las tasas actuales, una pesada carga sobre los esca­sos rendimientos del trabajo humilde. Esto permitirá cumplir un amplio plan de colonizaciones sobre tierra propia y una vasta obra de construcción de vi­viendas. No tardará en sentirse, según espero, el estímulo que estas medidas han de significar. Ellas ayudarán eficazmente a resolver dos problemas vita­les: uno, que hace a la estructura de nuestra economía rural y que consiste en el alto rédito que nuestro hombre de campo debe pagar para comprar su tierra a plazos; otro, de no menos urgencia, que consiste en la inoperancia de las facilidades concedidas hasta ahora a las clases modestas de nuestra población para adquirir una vivienda. El caso del colono requerirá soluciones espe­ciales, que contemplen incluso la posibilidad de que la tierra sea pagada con una parte de su producción y también contemple planes anuales elásticos que, en los años de malas cosechas, no lo fuercen a la liquidación ruinosa de sus escasos bienes. Por otra parte, la intensificación de las construcciones produ­cirá un efecto tonificarte sobre las numerosas industrias nacionales que tra­bajan para la edificación. Interesa fundamentalmente mantener al país en el alto grado de actividad en que hoy se halla y la posibilidad de acrecentar las construcciones en todo tiempo, constituye un medio seguro para prevenir cualquier amago de desocupación con que el futuro pueda enfrentarnos. La defensa de nuestra economía, que tanto depende de la defensa de la mano de obra argentina y del mantenimiento de los ingresos de la clase trabajadora, encontrará, en estas reformas, instrumentos adecuados para su seguridad.
En cuanto a la producción, debe intensificarse lo más posible, y estable­cer reservas y distribuir, especialmente en lo que se refiere a productos agrícolas y ganaderos que son la base de la alimentación del país y del mun­do. En lo que a nosotros se refiere no hemos de consentir la destrucción de los sobrantes, implantada por una economía egoísta y antihumana que permitía que mientras en regiones del país o de otros ámbitos del mundo se padecía necesidad o se moría de hambre, se destruyeran productos alimenticios bá­sicos cuya distribución tantas vidas podría salvar. Querernos libertad de pro­ducción, estimulándola para abastecer abundantemente las necesidades del país. No basta producir con el fin de lucrar o hacer dinero; debe producirse para elevar el consumo nacional y llevar los excedentes, aunque sea a precios módicos o sin beneficio, al exterior para poner los productos al alcance de las grandes masas de población que carecen de ellos.
Si el problema de nuestras reservas ganaderas y la producción agrícola no causa inquietud, en cambio debemos preocuparnos de nuestras reservas de materias primas y de la elevación de los elementos o bienes de trabajo, no sólo procurando aumentar la capacidad técnica del país, sino también des­arrollando, como se ha dicho, la explotación de la energía y materias primas, formando depósitos prudenciales y tratando de crear industrias con máquinas útiles y manufactureras.
Si bien en lo que se refiere a la producción del país en general está en buenas condiciones, no puede decirse lo mismo en cuanto al precio o los precios que se pretenden cobrar o se cobran por los productos ofrecidos a la venta.
Siendo la producción muy superior a nuestro consumo normal de productos agropecuarios y abundante en muchos artículos manufacturados, la cuestión de precios deberá resolverse combatiendo la especulación y controlando los mínimos.
Es necesario también regular el comercio libre con precios y recargos normalizados, transporte económico con elementos de origen nacional, des­arrollo de las vías fluviales con transporte económico; fomento de la flota mercante fluvial, marítima y aérea y ampliar y extender las redes camine­ras y ferroviarias en forma estratégica para la economía nacional, de tal manera que las vías de comunicación constituyan un todo orgánico relacio­nado con las zonas productoras y las necesidades del consumo.
La mayoría de la población del mundo padece de Infra consumo. En la Argentina también se registra este hecho, especialmente en lo que se refiere a alimentos y vestidos y aun más en vivienda y esparcimiento. Las causas son la falta de capacidad de compra, la poca productividad y la dispersión geográfica, acentuándose el Infra consumo en ciertas zonas del interior. En el plan orgánico que se está elaborando debe combatirse esta situación elevando el consumo nacional en cantidad, calidad y variedad de artículos.
La colocación de los excedentes de nuestra producción se facilitaría con una flota nacional suficiente para el transporte de la mayor parte de nuestros productos. Mucho se ha conseguido con la creación de la Flota Nacional, pe­ro muy largo es todavía el camino que debe recorrerse. El gobierno tomará cuantas medidas puedan tender a que nuestro tráfico al exterior se realice en naves nacionales.
Debe revisarse el régimen aduanero atemperándolo a las nuevas normas de protección del trabajo nacional, es decir, en función de la cantidad de mano de obra ocupada, salarios altos y el consumo de materias primas na­cionales. Debe abordarse la posibilidad de una unión aduanera de países de Sud América que facilite el intercambio con naciones hermanas.
En orden a las realizaciones concretas, habrá que modificar la ley 12.591, para hacerla más eficaz en estos difíciles momentos y agilizar el trámite de fijación de precios y la ejemplaridad de sus sanciones; se estudiará el pro­blema de los negocios minoristas a fin de que el interés general se sobrepon­ga a la libertad no controlada de comerciar y de evitar competencias ruino­sas; se reestructurará la ley antitrust o de monopolios; se abordará el proble­ma de los vinos en la ley correspondiente, lo mismo en lo que se refiere a las plantaciones de vid que a la intensificación de las bodegas; se estudiará la conveniencia de una ley que rija la industria y el comercio del tabaco, pro­tegiendo a los productores y pequeños comerciantes; asimismo, se estudiará una legislación de yerba mate para equilibrar las economías regionales.
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La acción propulsora de obras públicas ha llegado a las regiones más apartadas del país -sin descuidar los grandes centros urbanos-, contribu­yendo, con los trabajos públicos a la solución de diversos problemas de carácter social y económico. La parte social ha sido encarada llevando trabajo a las regiones que lo reclamaban y haciendo más cómoda e higiénica la vida de las poblaciones humildes; con las obras de producción de aguas, con la construcción de viviendas económicas, de escuelas, hospitales, asilos, colonias de vacaciones, hoteles, etcétera. La parte económica se ha atendido propen­diendo al mayor desarrollo del comercio y de las industrias, mediante la cons­trucción de obras camineras, ferroviarias, de riego, líneas de transporte flu­vial, construcción de elevadores de granos, con la construcción de usinas hidroeléctricas, etcétera; y encarando con gran aliento obras de tal enverga­dura como las del Aeropuerto Nacional, sistematización de la ribera del río de la Plata, dársenas para hidroaviones y yates; y puente internacional, que une nuestra nación con el Brasil, todas en concordancia con la jerarquía que le corresponde hoy a nuestro país en el concierto de las naciones.
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Antes de cerrar este mensaje, deseo que la opinión pública en general y' los intereses económicos en particular, sepan que el Poder Ejecutivo no tiene el propósito de efectuar bruscas ni fundamentales alteraciones en las normas básicas que rigen nuestra economía y que, por lo tanto, cualquier reforma que se proyecte introducir en los sistemas actuales, será objeto del estudio que corresponda a la naturaleza de tales medidas, de una publicidad que permita la discusión pública de esas iniciativas y el trámite normal a que constitucionalmente deba someterse cualquier modificación a nuestro régi­men legal.
Señores Senadores,
Señores Diputados:
El mensaje que he leído a vuestra honorabilidad ha llegado a su térmi­no, y sentiría haber fatigado con exceso vuestra atención, pese a que en algu­nos puntos me he limitado al mero enunciado de los planes que animan al Poder Ejecutivo. En lo que a los mismos se refiere, doy por sabido que han de existir opiniones no coincidentes. Pero sí quisiera que todas ellas estuviesen conformes en la interpretación de los buenos propósitos que me animan. Por eso me concreto a solicitar que en la discusión de los proyectos se procede con serenidad, con intención de mejorarlos, apartando la vista de los hombres para ponerla en las ideas, en los hechos y, sobre todo, en la prosperidad y en la grandeza de esta patria tan amada. Los parlamentos que proceden en esa forma se hacen acreedores a la pública gratitud, mientras que los que ac­túan en forma distinta se apartan de la consideración colectiva. Estoy cierto de que el Congreso que hoy inicia sus tareas habrá de realizar una labor fe­cunda que sirva de ejemplo a la generación presente y a las venideras.
JUAN DOMINGO PERÓN